La Justicia incoherente II

   Por el año 2006, publicaba en distintos portales una nota titulada «La Justicia Incoherente», nota que para mi sorpresa y satisfacción tuvo repercusiones en otros medios y que como era de esperar generó que algunos se sintieran molestos aún sin nombrarlos.

Han pasado varios años desde que se conoció el contenido de la nota, han pasado muchos magistrados, entre los que incluyo a jueces, fiscales y defensores oficiales, también han pasado varios gobiernos y legisladores, se modificaron leyes, artículos de los códigos y hasta una reforma integral en algunos casos como el derecho civil. Lo que no ha cambiado a pesar de todo, es el reclamo de la sociedad en cuanto a una justicia más justa, valga la rebundancia.

El ideario teórico de funcionarios judiciales con honorabilidad se vió tan desacreditado que hoy día no hay encuesta de percepción de la corrupción que no incluya entre los cinco primeros a la justicia, es decir, las malas acciones de los funcionarios se «comieron» a la institución.

Y ya las sospechas y las criticas no se limitaron a los magistrados de instrucción, cruzan hoy a toda la estructura judicial y tocan a la Suprema Corte, que en los últimos años se ha visto incluída en criticas y sospechas de corrupción y parcialidad.

El concepto popular de que existe una justicia para ladrones de gallinas y otra para los ricos, se ha instaurado con la suficiente solidez para perdurar por varias generaciones.

La gravedad que esto tiene en una sociedad aún no ha sido tratado con la seriedad que el asunto requiere, ya que no solo se trata del espacio donde unos hombres administran justicia, sino que el Poder Judicial es uno de los tres poderes en un sistema repúblicano y democrático.

Si bien es complejo, poder desarrollar en una nota periodística de forma condensada qué es el derecho, se puede resumir su implicancia en la vida de los ciudadanos diciendo que es el único de los poderes que puede «vestir» de legalidad actos que por su naturaleza son claramente ilegales, haciendo necesario que los otros poderes, el Ejecutivo principalmente y el Legislativo, requieran de «acuerdos» con los representantes del Poder Judicial para que sus actos legítimos también se consideren legales.

La intromisión política desmedida, ha generado que la dama que representa a la justicia con una venda en sus ojos, termine tapada por un manto espurio y que en algunos casos incluso parezca que no existe.

Hay premisas que nacieron con el concepto del derecho, la congruencia y la independencia, requisitos que se creían sagrados por quien asumía la magistratura, dos preceptos que se prostituyeron por la manipulación de todos los políticos de preferir honrar la frase del Martín Fierro «hacete amigo del juez» que transformaron en «hace Jues a un amigo», ya que es más sencillo que ganarse la amistad de alguien independiente que ser el medio por el cual un Juez llegó a la magistratura.

La realidad actual del sistema judicial argentino es nefasto y peligroso, basta con leer las denuncias de un lado y otro, la vulneración de Derechos Humanos y principalmente la falta de fundamentos en los fallos judiciales.

Desde Alfonsín para muchos sinónimo de la democracia, la composición de La Corte Suprema ha tenido sus «monjes negros» y no han faltado fallos contrarios a la Ley, impuestos por sus miembros por el solo hecho de creer que son «dueños» de un cargo público que cuando afecta los intereses de los ciudadanos deberían ser reemplazados por aquellos que se encuentran designados para entender en causas donde los magistrados se encuentran comprometidos en su independencia.

La facultad que tienen los jueces de imponer sanciones y medidas, encuentra en los jueces penales «intocables» que no son denunciados o conocidos sus actos contrarios a la Ley por el temor de perder la libertad, se sabe que en un país que ha ido llevando a la sociedad a un inconciente de «salvese quien pueda», son muy contados los que elevaran una queja o su voz en defensa de un injusto, así nos hicieron creer que superamos como sociedad el «no te metas» para contentar la conciencia de quienes no conocen el concepto de solidaridad y que no entienden que la injusticia impune termina un día llegando a cualquiera.

No menos cierto es el hecho de que los medios tienen una enorme responsabilidad, cuando las empresas de noticias descubrieron que es más lucrativo la pauta y los «favores» que mostrar la realidad, que cuestionar lo que está mal y presionan con temas que ponen en «agenda» para torcer fallos judiciales de funcionarios que por estar «sucios» o «comprometidos» políticamente le dan al público lo que los medios quieren cual circo romano donde luego todos se lavan las manos aduciendo que es lo que la sociedad pide.

No puede existir coherencia en una justicia donde no existe igual ante la Ley, donde para tapar la ineficiencia en el ejercicio de la magistratura algunos fiscales y jueces se transforman en «justicieros» y sus fallos sin fundamento solo encuentran explicación en el mundo jurídico en esa frase «dicen que es un juzgado o tribunal duro», porque la justicia no debe ser ni dura, ni blanda, debe ser equilibrada, fundada, porque ese es el concepto de la famosa «balanza» y el concepto de dura lex no tiene su ser etimológico en ser duro por elección sino por aplicación de la Ley.

En la Argentina muchas cuestiones judiciales están pendientes de reformas, que no se llevan adelante porque quienes se han subido a ellos son los primeros que no se informan correctamente y porque saben que llevar adelante un trabajo judicial correcto es inviable en un sistema judicial que es ineficiente, corrupto, saturado pero principalmente violento.

Desde hace años se oculta la alta estadística de violencia laboral en la justicia, muchos buenos funcionarios terminan dejando el Poder Judicial para cuidar su salud, otros se transforman en lo que se conoce como maltratados que terminan siendo maltratadores y otros han sido mártires de un sistema hermético que pretende impartir justicia sin contar con funcionarios sanos. Los ejemplos sobran y desde aquel 2006, son contados con los dedos de ambas manos, los funcionarios judiciales apartados por violencia laboral, llegamos incluso al absurdo de que en la actualidad una Cámara Penal tiene a sus miembros denunciados entre sí y no solo por violencia verbal, sino física, pero ni siquiera el Consejo de la Magistratura a la fecha ha adoptado medidas que permitan a los ciudadanos tener el derecho de jueces probos.

Las organizaciones locales sobre protección de derechos humanos o transparencia tampoco han colaborado en mejorar esta situación, ni siquiera cuando muchos de sus directivos han ocupado cargos públicos, lo que demuestra que la situación no se circunscribe a unos pocos casos aislados, sino que por la falta de medidas se ha ido extendiendo como un cáncer en los diferentes fueros y estratos de la justicia.

Solo existirá un cambio en la medida que la información se difunda, que exista un compromiso y el valor para señalar lo que está mal y quienes no tengan el valor para hacerlo deberían acompañar a quienes lo hacen, pero para eso es necesario dejar de creer ciegamente en las noticias de los grandes medios, hay que dudar e investigar, porque «comprar» falsos luchadores de la corrupción solo lleva a la desilución y a no creer, cuando lo necesario es participar, creer que entre todos se puede construir una sociedad más justa y equitativa, durante años nos han vendido división hasta en la justicia, diciendo que hay jueces garantistas a favor de los delincuentes y jueces que solo fallan para el gobierno de turno.

Señores lectores, ciudadanos, un político que se arroga la lucha contra la corrupción, pero no concurre al Congreso a cumplir sus obligaciones y tiene más viajes que sesiones, permitanme decirles que tiene mucho de incoherente, que no se es más honesto por denunciar a personalidades pero callar ante claros actos de corrupción por conveniencia.

Cuando dejemos de creer que alguien que nunca conoció el hambre, la injusticia y todo lo que padece el ciudadano común nos puede entender, entenderemos nosotros que nos miente.

No puede existir un Estado de derecho pleno donde quienes realizan falsas denuncias no tengan una pena, el falso testimonio y la falsa denuncia no son valorados por muchos temerarios que utilizan la justicia como un método de venganza o hasta de extorsión, como no puede tener futuro una Nación donde los hechos de corrupción no avanzan o tienen que pasar años para investigar a un funcionario y solo se lo investiga cuando ha dejado de serlo, años en los que un hecho de corrupción se replica varias veces en perjuicio de todos.

Tenemos que dejar de seguir de largo cuando vemos a alguien o un pequeño grupo reclamar justicia, porque es en la falta de unión donde los inocentes pierden su voz, personalmente en estos años he podido comprobar que existe menos sinceridad en las grandes marchas que en las pequeñas, para que se entienda, muchos de los que concurren a grandes marchas no tienen la misma convicción de lucha y búsqueda de justicia que esas pequeñas, durante muchos años he acompañado a familiares de víctimas en reclamos de justicia y he visto a muchos morir con la remera, el cartel y la bandera de justicia.

Mientras la sociedad permita que algunos administren justicia por conveniencia, que se crean en un plano superior por ejercer una magistratura y no tengan respeto por el otro, como sociedad seguiremos padeciendo injusticias, pero peor aún, seremos responsables de que nada cambie y seguramente cuando queramos gritar pidiendo justicia estemos solos.

 

Por Marcelo Ricardo Hawrylciw

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