Darío Eduardo Lopérfido y la estupidez política

La sociedad argentina está en decadencia, el fundamento para justificar esta afirmación es la conducta diaria y reiterada de un gran sector de la ciudadanía que se queja, denuncia y expresa en las redes sociales con una torpeza que debería ser motivo de estudio por parte de un coloquio de sociólogos.

Existe un preocupante silencio de los profesionales que deberían ser críticos de una sociedad que se degrada con los años, que se informa con medios que hace tiempo se alejaron del periodismo para transformarse en empresas dedicadas a distorsionar la realidad y generar un impacto tendencioso en la gente que consume las noticias sin un criterio congruente entre lo que le informan y lo que percibe cuando desarrolla su vida cotidiana.

La política históricamente fue el fin de los que buscan el poder y el control de las sociedades para sostener ese poder, sería muy extenso que desarrollara el origen de la política, pero lo puedo resumir afirmando que poco tiene que ver con el bien de todos y más con la obtención de privilegios de uno de los sectores de poder en una sociedad.

Una República y un Estado de Derecho, tiene poco que ver con la realidad actual que hoy se vive en la Argentina, no hay dudas que la clase política que nos gobierna desde hace años, pasando por los principales partidos políticos, ha sido nefasta para los ciudadanos de a pie.

Más allá de las denuncias, de los juicios ridículos y alguna condena que fue una especie de limitación virtual, no hay político que haya sido castigado con una pena similar a la de cualquier otro ciudadano que viola la Ley, los fueros han salvado a muchos funcionarios de una prisión preventiva y en eso todos han sido cómplices, una país deja de ser serio cuando entre políticos y magistrados se reparten el poder y se cuidan entre ellos, ejemplos abundan, Argentina debe ser de los pocos países en el mundo que han tenido altos magistrados procesados sin que renuncien a sus cargos o bien sean removidos.

Esa política corrupta que alimenta a los medios con pautas o negocios, que coquetea con el Poder Judicial, ha traído con los años un deterioro de la sociedad más dañino que el propio COVID-19, pocos se han puesto a pensar que la mala gestión política es la responsable de millones de muertes. Desde el año 1983, ¿cuántos argentinos han muerto por hambre?, cuántos han muerto por la inseguridad?, cuántos han muerto por una salud deficiente?, cuántos han muerto por una justicia corrupta que ha permitido la reincidencia de delincuentes entre los que podemos resumir, asesinos, violadores, femicidas, organizaciones de trata de personas.

Que hoy en algunos medios, entre ellos A24 en el programa de la impresentable de Viviana Canosa, le den espacio a un impresentable de la política argentina como Darío Lopérfido, para que hable de la educación, que critique a otros de saber hablar o no, es una muestra de que los medios distorsionan la realidad y se aprovechan de que muchos no tienen memoria o información, esto lo menciono porque Lopérfido dejó su educación secundaria a los 14 años, nunca terminó el secundario y aún así, fue funcionario de la UCR y el macrismo como responsable de áreas vinculadas a la educación y la cultura. Así de ridícula es la campaña política donde sobran egos y ambiciones, pero no hay respeto por la sociedad.

Para los políticos actuales los ciudadanos son un medio a seducir para mantenerse en el poder y aprovecharse de ese poder, existe un abismo entre la sociedad y los que ejercen el poder, esa es la señal más palpable de cualquier ciudadano, hoy como nunca, a pesar de que existen leyes sobre el Acceso a la Información, de Ética Pública, Anticorrupción, para que los ciudadanos puedan ejercer un control de los funcionarios, nada de esto se cumple, los pedidos de informes tienen ridículos requisitos, las declaraciones juradas patrimoniales de los funcionarios son un chiste que nadie controla donde declaran cualquier cosa aún cuando es un delito, sobran incompatibilidades que nadie denuncia y por si fuera poco, los funcionarios judiciales no tienen la mínima voluntad de investigar la corrupción.

Solo en una sociedad degradada, que no participa, que no reclama y que no denuncia pueden seguir existiendo estos personajes como Lopérfido, pero no es el único, tenemos otros con muchos títulos y honoris causa que han sido y son igual de impresentables y dañinos, dependerá de que la sociedad deje de hacer lo mismo, de que comiencen a informarse y a comparar la información, pero especialmente que dejen de seguir y dar poder a los que han hecho de la manipulación un excelente negocio.

Por Marcelo Ricardo Hawrylciw

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