Pareja: cuando la vida de a dos condiciona los proyectos personales

pareja-genéricoEl argumento de no querer perder la libertad es esgrimido por muchos para «justificar» su negativa a formar una relación estable. ¿Hasta qué punto un proyecto de a dos limita las aspiraciones personales?

Cada vez más, se escucha como motivo de soledad el argumento de la libertad. Personas de diferentes edades, hombres y mujeres, que eligen no «formalizar» con tal de no perder un ápice de autonomía en sus vidas ni tener que «rendir cuentas» a nadie.

Pero, ¿es tan así?

«El amor de pareja en general es entendido como un proyecto común de amarse. Es decir, de sostener un vínculo en el tiempo más allá de los distintos momentos a compartir que pueden ser buenos o malos, con metas comunes de acción: que van desde viajar por el mundo a tener hijos», consideró Monika Correia Nobre, instructora de meditación, para quien «en ese crecimiento compartido también es necesario acompañar el crecimiento del otro como un ser individual con características únicas».

Es decir la pareja funciona mejor cuando son dos que se eligen para lo que sea y no dos que se fusionan en uno las 24 horas.

«También -prosiguió- en este ejercicio del amar existen siempre condiciones para que la pareja funcione y se sostenga en el tiempo positivamente. Esas condiciones varían según las personas implicadas ya que libremente se establece una especie de acuerdo entre las partes. Pero una condición natural y necesaria es amarse a sí mismo, para después poder amar al otro, y tener libertad para ser uno mismo es también fundamental en el amor«.

Si lo pensamos, la libertad total es inexistente, es una utopía socialmente imposible de llevar a cabo ya que la libertad siempre tiene un límite claro que está en relación con la sociedad en la que vivimos. Cada cultura, cada sociedad impone reglas que afectan la propia libertad personal. «La libertad de uno termina cuando empieza la del otro», se suele decir. Y eso también ocurre en la relación de pareja.

«El primer temor al relacionarse es el miedo a cambiar, a ser modificado como resultado del vínculo»

Ocurre que a veces «hablando o pensando supuestamente en el nombre del amor, se desvirtúan las originales intenciones y surgen otras cuestiones como control, posesión, abuso, violencia», destacó Correia Nobre, quien remarcó que «muchas veces la pareja se utiliza para medirse uno mismo en comparación al otro y aparece la competencia y la lucha por el poder».

Con respecto a si el amor es esclavitud o libertad, consideró que «es imposible no perder libertad en algún grado cuando amamos a alguien». «Amar a nuestros hijos nos lleva a una consentida pérdida de libertad ya que por ellos empezamos a pensar y a actuar distinto que cuando no éramos padres. Cualquiera que tenga una mascota sabe los cambios que llegaron a su vida junto con el perro, hubo un enlace que condicionó su libertad».

«Igualmente en las mejores condiciones la propia libertad es una realidad que a muchas personas asusta, existe un temor al estado de ‘ser en libertad’, pero ¿libertad para qué? o ¿qué hago en total libertad? Creo que es un buen ejercicio de vez en cuando repensar qué es la libertad para mí y cómo puedo ser más libre cada día«, reflexionó.

Paradójicamente, Correia Nobre subrayó que «elegir quedarse solo para ser libre transforma la supuesta libertad en una cárcel llamada soledad».

«El estar en pareja siempre modifica al ser individual. El primer miedo, el primer temor al relacionarse es el miedo a cambiar, miedo a ser modificado como resultado del vínculo. La pareja es un evento profundamente transformador del ser por el increíble intercambio de información que ocurre en distintos niveles que van desde lo puramente biológico a lo intelectual y espiritual», opinó la especialista, para quien «los ojos del otro, su mirada aporta datos sobre otras visiones del mundo pero lo más importante es que aporta información sobre uno mismo».

Por otra parte, aseguró que «cuando el miedo es pequeño aporta una cuota de autoprotección muy valorada cuando comienza el vínculo o en los momentos donde parece que se dificulta la relación. En esos momentos al miedo lo puedo entender como prudencia, siempre y cuando no sea paralizante; si el miedo es paralizante y no permite entrar en la relación hay que hacer algo al respecto para no perder la oportunidad de vivir una experiencia de pareja«.

En ese sentido, remarcó que «hay que estar atento porque en el ejercicio de la libertad personal los primeros que nos ponemos límites somos nosotros mismos con nuestro sistema interno de creencias y supuestas certezas». Pero incluso ese sistema de creencias se ve modificado por el natural paso del tiempo, no pensamos lo mismo ni del mundo ni de nosotros mismos a los 20 a los 40 o a los 60.

Cómo darte cuenta de que estás perdiendo identidad en la relación

Correia Nobre reflexionó que «para decidir la persona que quiero ser necesito saber también quién soy en esencia. Para eso el primer método es autoobservarse lo más claramente posible dentro de la limitación inherente al hecho de ser uno el propio sujeto de observación y aprender a experimentarse en libertad, eligiendo ser más libre cada día, ampliando el horizonte y permitiéndonos nuevas experiencias de manifestación, explorar nuestra propia identidad sin escuchar las voces que nos hablan de cómo debemos ser o qué se espera de nosotros».

Sin importar en qué fase de la comprensión de la libertad nos encontremos ni cuán entrenada esté nuestra capacidad de autoobservación, podemos darnos cuenta cuando estamos perdiendo identidad en la relación, por ejemplo:

-Cuando perdemos naturalidad estando con nuestra pareja

-Cuando no podemos contarle al otro algunas áreas de nuestra vida personal

-Cuando nos separamos de nuestro entorno y vínculos anteriores

-Cuando dejamos de realizar actividades que hacíamos y nos daban felicidad antes de estar en esa relación.

Ahí es cuando habrá que replantearse, principalmente porque todo lo que se resigna y es importante para el ser individualmente después se cobra carísimo, y en general la pareja no puede pagar eso que se resignó.

«La pareja es el arte de la negociación. Tomar decisiones de a dos, compartir sin perder la individualidad, expandir horizontes incluyendo los horizontes del otro y en sinceridad total no pedir lo que yo mismo no puedo ofrecer dentro del amor, es clave y nos da la semilla del amor verdadero, aunque no sea eterno, experimentar ese amor en forma total y presente nos permite vivir y crecer en plenitud», finalizó.

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