La impresentable presencia de algunos efectivos de la Gendarmería Nacional en la Terminal de Retiro

Desde el Gobierno Nacional, se asignaron recursos y personal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria para controlar la salida y entrada de encomiendas mediante el uso de 5 equipos de rayos X.

Conjuntamente se le exigió al concesionario de la terminal TEBA S.A. el compromiso de adecuar las instalaciones para tal fin y la puesta en funcionamiento de un Centro Operativo de Control, conformado por cámara de alta resolución, para monitoreo de la actividad desarrollada en las plataformas, estacionamientos y hall central de pasajeros, que en principio la conforman 30 cámaras fijas y 16 domos que se irán ampliando.

A esto sumarle personal de Gendarmería Nacional que recorrerá las distintas zonas de la estación en prevención de delitos.

Hasta acá esto es el anuncio oficial, la realidad, nos demuestra que los índices de arrebatos, hurtos y lesiones no han mermado. Tal vez el principal motivo de que esto ocurra, es que para que exista prevención, primero debe existir control de los superiores de los efectivos apostados en la terminal. No es la primera vez que al concurrir al lugar, observo la falta de actitud de servicio del personal de Gendarmería, distraídos con los celulares, fumando, charlando en grupo, están, pero si no lo estuvieran sería casi lo mismo, ya que su reacción siempre es tardía.

El domingo 10 por la madrugada tuve que concurrir a la terminal a esperar a mi madre que regresaba de las vacaciones, así, mientras esperaba, para no dormirme en un asiento o no sentarme en asientos sin limpieza, caminaba por el hall central, esta actitud, y el hecho de observar sin pudor a los gendarmes juntarse a charlar de cualquier cosa, o bien quedarse cortejando a una empleada sin observar la presencia de algunos jóvenes que miraban con demasiado interés a algunos pasajeros, me transformó en un objetivo.

Sin que tengan la mínima vergüenza en dejar una mala impresión de la fuerza de seguridad a la que representan, se me acercaron cuatro efectivos uniformados de Gendarmería, a los que se les unieron en minutos otros tres, curiosamente, ninguno de los efectivos, llevaba visible como debe ser, su apellido nombre y jerarquía, es decir, el gafete colocado. Uno de ellos me preguntó si había tomado alguna fotografía en el lugar, a lo que le dije que no, pero si así fuera, cuál era el inconveniente y el interés de la Gendarmería, a lo que me respondió, que hay órdenes de identificar a cualquier persona que tomé fotografías, una orden que en principio carece de razonabilidad al tratarse de un espacio público por el que pasan a diario miles de pasajeros y turistas.

Ante mi pregunta de quién había dado semejante orden, se me acercó otro de los efectivos, este vestido con ropa de fajina y borceguíes, increpándome y preguntándome cuál era mi problema. Obvio que mi problema era y es, el hecho de que pretendo fuerzas de seguridad profesionales, y lo que había visto hasta antes de este incidente, poco tenía de profesional y mucho menos de prevención, no me queda claro qué ven los operadores del centro de monitoreo, ya que es algo común que los gendarmes se distraigan en charlas entre ellos o con alguna señorita ocasional.

Luego de minutos de tratar de hacer que entiendan que su trabajo es mucho más relevante que lo que hacían, opté por retirarme a llamar al número de denuncias del Ministerio de Seguridad, convencido de que estos gendarmes mentían en cuanto a las órdenes y al hecho de que desde que está la actual gestión en el ministerio de seguridad, no se trabaja más como antes.

Minutos más tarde, observé que un Cabo 1º controlaba con una planilla a los efectivos, del hall central, por lo que me acerque a tratar de que este me pudiera indicar los motivos por los que se trabaja tan mal, señalando el hecho de haber visto merodear a una pareja de jóvenes en actitud más que sospechosa, recibiendo como respuesta, que ahora no se puede hacer prevención, que hay que esperar a que hagan algo y que después es necesario que alguien haga la denuncia, por lo que con ironía me invitó a que si tanto me interesa la seguridad, me quedé a observar lo que ocurre o los siga a los jóvenes y cuando los vea cometer un delito los llame. Terminando con la conclusión de que si a mí no me robaron, ni me hicieron nada, no tenía porque opinar sobre la forma de trabajar de los gendarmes, y que me haga ver porque debo tener algún “problemita”, que ellos siempre están haciendo inteligencia para prevenir delitos, por eso me abordaron, a lo que le pregunté si me estaba diciendo que justificaba todas las mentiras en una supuesta prevención, al evitar que uno pueda tomar una fotografía. Como el resto del grupo, concluyó en que ellos pueden elegir a quien identificar y que si alguien camina con una cámara de fotos al hombro, deben saber quién es y para qué tomó la foto.

Traducido, el ministerio, ¿les ordena distraerse en charlas irrelevantes más de un club que de efectivos en servicio?, ¿les ordenan distraerse con los celulares y los mensajes de texto personales?, ¿les dan instrucciones de charlar con empleadas de locales, solicitarles sus teléfonos e invitarlas a salir?.

Sinceramente es triste que una fuerza con el prestigio de la Gendarmería Nacional, no instruya a sus efectivos en cuanto a la forma y el contenido de sus palabras para con los ciudadanos, a nadie le puede agradar ser interrogado por varios gendarmes mirándolo con cara de perro guardián.

Las autoridades de la Gendarmería y del Ministerio de Seguridad de la Nación, deben implementar  controles que permitan mejorar la calidad del trabajo de los efectivos destinados en la terminal de micros en beneficio de todos.

Por Marcelo Ricardo Hawrylciw

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