Mientras Campana enfrenta una brutal caída del consumo y trabajo, el cierre definitivo de Cabot expone el deterioro del entramado productivo local y nacional.
El cierre definitivo de la planta de Cabot en Campana, tras más de seis décadas de historia, representa mucho más que la baja de una persiana industrial: deja en claro el deterioro del entramado productivo nacional y el impacto directo que las políticas económicas actuales están teniendo sobre el empleo y las familias de Campana.
Walter Piriz, Secretario Adjunto de la UOM Campana-Zárate y Concejal de Unión por la Patria en Campana, expresó su profunda preocupación por la situación y advirtió que se trata de una señal alarmante sobre el rumbo que está tomando el país.
«Una empresa con más de 60 años de historia, estratégica para la producción y parte del corazón industrial de Campana, hoy cierra sus puertas dejando a 90 trabajadores directos y más de 150 familias afectadas de manera indirecta. Esto no es casualidad ni un caso aislado: es consecuencia del modelo de Milei que está destruyendo la industria argentina», sostuvo.
Campana siente el impacto de una crisis que ya alcanza a la industria, el comercio y el consumo diario
Cabot no era una empresa más. Desde 1962 formó parte del desarrollo productivo local, siendo pionera en Latinoamérica en la fabricación de negro de humo, un insumo clave para la industria del neumático, el caucho y el plástico. El cierre de cabot golpea a trabajadores, proveedores, comercios y a toda la comunidad que gira alrededor de esta empresa.
A este escenario se suma también la preocupación por el deterioro económico que ya no afecta solamente a la industria pesada, sino también al comercio y al consumo cotidiano. La caída de ventas, el retroceso del poder adquisitivo y la recesión general comienzan a reflejarse en más persianas bajas y mayor incertidumbre para decenas de familias trabajadoras.
La crisis ya no distingue sectores
Piriz remarcó que el problema excede a una sola empresa y debe leerse en el marco de una política nacional de apertura indiscriminada de importaciones, caída del consumo, retracción de la actividad industrial y falta total de protección a la producción local.
«Nos quieren hacer creer que el problema son los derechos laborales, cuando en realidad el problema son las malas decisiones económicas. No cierran las fábricas por culpa de los trabajadores; cierran porque no hay un Estado que defienda la producción nacional, que cuide a las pymes y que entienda que sin industria no hay trabajo digno», afirmó.
Arrancó el efecto dominó de la crisis
Además, vinculó esta situación con el creciente endeudamiento de las familias, señalando que la pérdida de trabajo y las paritarias pisadas empujan a miles de hogares a un círculo de deuda sin salida.
«Hoy las familias se endeudan para comer, para pagar el alquiler, para sostener lo básico. Ya no existe darse un gusto ni cambiar el auto. La deuda es para comer»
Finalmente, Walter Piriz llamó a no naturalizar estos cierres y a defender el modelo industrial que históricamente sostuvo el crecimiento de ciudades como Campana.
«Cuando se apaga una fábrica, no se apaga solamente una empresa: se apaga parte de la identidad productiva de una ciudad. Y eso no puede pasar como si fuera una noticia más. Tenemos que defender la industria nacional porque ahí está el verdadero motor del trabajo argentino».



