Asesinato de Lucas González: Una policía con jefes corruptos y demasiados delincuentes

Los policías que asesinaron a Lucas, intentando matar también a sus 3 amigos el miércoles 17, estaban en un vehículo no identificable, aparentemente sin patentes, no tenían sus chalecos anti balas puestos, no habían informado por radio de «su operativo» ni tampoco a sus superiores, ni habían producido la voz de alto antes de los disparos. Esta suma de desastres significan solamente una cosa: estaban robando y coimeando –“cortar boleto” en jerga policial- en la zona de las villas Zavaleta-20-21 y muy posiblemente estaban drogados y/o alcoholizados. Los audios suministrados por ellos o sus secuaces a los medios, son absolutamente falsos y sólo tratan de encubrir a estos delincuentes y engañar a la población. Cabe la posibilidad además, de que haya participado en el desastre, un cuarto efectivo policial, o que hubiera muy cerca otro vehículo con otros policías ladrones.

En el ámbito de Policía de la Ciudad, se realizaron 121 denuncias de gatillo fácil en sólo 5 años ( podrían haber más hechos). En promedio serían 24 por año, es decir 2 gatillos fáciles por mes. Esto permite definir, que este homicidio no es casual, ni solo resultante de esos 3 chiflados limados, sino que es totalmente sistemático de esta fuerza policial.
En Caba existen 15 comunas, en cada una hay una comisaría comunal y 3 o 4 comisarías vecinales. Varias de mis fuentes policiales, afirman que existen brigadas recaudatorias en todas la comisarías comunales, y que hay grupos de tareas similares en muchas -o todas- las comisarias vecinales también. Lo cierto es qué en la misma fuerza policial, conviven miles de efectivos que se juegan la vida en las calles con sueldos miserables, con vulgares bandidos: cientos de jefes corruptos sólo interesados en recaudar, con cientos de malandras con chapa en las calles, abocados a coimear, arreglar con narcos y demás delincuentes, o a robar cada vez que pueden. La voracidad que caracteriza a estas «bestias de calle», tiene que ver con que suelen operar drogados, tienen que enviar gran parte de la recaudación a sus jefes, y desconocen por cuanto tiempo más pueden seguir robando. En esas instancias esta clase de criminales, suelen evolucionar de delitos simples, a saltar a los más complejos, como tener a sus propios vendedores de drogas o a armar sus bandas mixtas con delincuentes.

«El policía no puso él solo el dedo en el gatillo», narra el protagonista de Tropa de Elite 2 en un discurso. Desde antes de las elecciones padecimos en los medios de la prensa canalla, distintos energúmenos que nos dijeron que los delincuentes «deben ser hechos queso gruyere» -Espert-, que había que «meterles tiros» –Milei- o simplemente que había que matarlos (Feinmann, Canosa, Etchecopart, Pato Botella y tantos otros. Esto lo repiten a diario muchos políticos, muchos candidatos y por supuesto los falsos periodistas, que en realidad son solo operadores bien pagados. Suelen volcar cotidianamente su tremendo odio de clase, y su enorme fobia a pobres y negritos. Y estigmatizan a chicos con gorritas o tatuajes, causalmente todos morochitos y pobres. Todo esto genera un inmenso micro clima delirante que se podría titular: «hay que salir a matar». Y el problema que esto lo escuchan los policías delincuentes, y entonces salen y matan en sus correrías tóxicas, sin diferenciar en lo más mínimo el bien del mal.

Hace no muchos años tuve oportunidad de realizar más de una treintena de Perfiles Criminales, de varios delincuentes de las brigadas de Policía Federal. Sus perfiles parecían calcados: rasgos psicopáticos graves, gente adicta a cocaína y/o marihuana, algunos a pastillas de anfetaminas, casi todos alcohólicos, todos muy violentos y golpeadores de mujeres, la mayoría con varias esposas y familias en simultáneo. Sus vidas privadas eran simplemente una suma de locuras, y destruían todo a su paso, aún a sus supuestos seres queridos.  Se las daban de grandes machos, pero cuando se quedaban sin drogas para consumir, sólo eran enormes y patéticos cobardes. Todos tenían sin excepción, tremendos prontuarios y con muchos delitos encubiertos por sus superiores. Estaban muy mal vistos por sus compañeros de uniforme, la mayoría de los cuales les tenían miedo o comprensiblemente pánico. Sabían que cuando aparecían por sus paradas «los sucios» –tal como los denominaban- iban a producirse distintos delitos y podía haber hasta varios muertos. El ejemplo más brutal fue el Caso Carrera del 25 de enero 2005, investigado magistralmente por el periodista Pablo Galfre y narrado en el film «El Rati Horror Show».  

El 5.2.2010 comenzó a operar la Policía Metropolitana. Unos años después recibió las comisarías y efectivos de Policía Federal, transformándose en Policía de la Ciudad. El primer jefe designado por Macri, fue el ex policía federal Jorge Alberto «Fino» Palacios. Duró sólo un mes al frente de la nueva fuerza. Había sido superintendente de Investigaciones de la Federal, pero fue desplazado por el entonces presidente Néstor Kirchner luego de que una escucha telefónica, lo vinculara con un imputado en el secuestro y asesinato de Axel Blumberg. Estaba imputado además en la causa AMIA. Luego asumió Osvaldo Chamorro, eyectado al poco tiempo por estar imputado en escuchas ilegales. Pasó el tiempo y asumió el jefe José «Peluca» Potocar, quien se cayó de la escalera al haber sido acusado, de integrar una red de policías que pedían coimas en los barrios de Núñez y Saavedra. El jefe actual Oscar Berard, conforme medios de prensa -gran investigación en curso del portal Seprin-, vendría al horno con papas como sus precedentes. En medio de todo este berenjenal, hubo escándalos como los del oficial y espía Ciro James en las escuchas macristas, o de un tal Alan Ruiz que pertenecía a la fuerza, e hizo desastres en la Provincia de la Pampa -de la mano del troglodita ex ministro Tierno- y luego con participación destacada en el espionaje de la Afi macrista.

La Policía Metropolitana se había formado de apuro, tomando jefes de la Federal con enormes prontuarios y por supuesto a hábiles recaudadores de sus comisarías, como también de áreas de investigaciones. A muchos de estos corruptos, al llegar a la nueva fuerza, se les borraron parte de sus antecedentes criminales para que pudieran ingresar y hacer carrera. También muchos delincuentes y asesinos, que había formado parte de la Maldita Policía Bonaerense, llegaron a formar parte de la Metropolitana y también de la Policía de la Ciudad. Pero además la fuerza, se formó a la medida del ideal Macrista: escuchar ilegalmente a opositores, secuaces, parientes y a todo el mundo por las dudas.
La formación del personal de la nueva fuerza policial, ha sido en general deplorable: casi en paralelo al fusilamiento de los 4 chicos, a 25 cuadras del lugar en Plaza Garay, 4 policías intervinieron en la detención de un hombre con su cuchillo en la mano. Se realizaron 15 disparos, 2 impactaron en el cuchillero y un tercero impactó en un transeúnte. No se ve en los videos que los 4 policías lleven su tonfa, elemento indispensable para contener o reducir a un desquiciado. Los que dispararon erraron al menos 13 de 15 disparos -87% de los mismos- muestra clara de sus niveles de instrucción y entrenamiento. Se ve también que los disparos son realizados, mientras detrás del cuchillero circulaban personas y vehículos. Un milagro de que no hayan habido más heridos y muertos, en este nuevo cumpleaños siniestro de la Policía de la Ciudad.

Los policías asesinos de Lucas son el inspector Gabriel Isassi, el oficial mayor Fabián López y el oficial José Nievas, quienes se desempeñaban en la brigada de Sumarios e Investigaciones de la Comuna 4 de la Policía de la Ciudad. No caben dudas que estamos en presencia de un homicidio agravado, por su condición de policías, cuestión que no solo aplicaría al que apretó el gatillo, sino también a sus otros dos secuaces. Esto significa sencillamente la prisión perpetua, conforme nuestra legislación penal, claro que en Argentina se los podría ver en las calles en unos diez años, gracias a las monedas que pudieran caer en juzgados y fiscalías (y a los certificados de buena conducta adquiridos a los servicios penitenciarios). No solo los encubrieron sus jefes hasta donde pudieron, sino que los jueces y fiscales intervinientes, permitieron que recién fueran detenidos a más de 72 horas de ocurrido el homicidio: les regalaron o vendieron 3 días de libertad, para que pudieran borrar parte de las pruebas, así por ejemplo se esfumaron las imágenes de las cámaras del Gobierno de la Ciudad. La magia de la moneda, seguramente permitirá que los análisis de los asesinos no muestren la presencia de estupefacientes y alcohol. Es de esperar que la querella de los 4 chicos a cargo de Gregorio Dalbon, esté al tanto que con otros análisis más profundos, se pueden determinar en buena medida los historiales droga dependientes de los criminales.

Arshak Karhanyan es un efectivo de Policía de la Ciudad, que se encuentra desaparecido hace dos años y ocho meses. A pesar de múltiples elementos, que indican que pueden estar implicados en su desaparición otros miembros de dicha policía –y varios jefes- el juez y el fiscal actuantes, han permitido que las investigaciones estén en manos de esa fuerza. La causa judicial se encuentra en un freezer obviamente (detallé todo en una nota publicada hace un año y medio y recién ahora, algunas legisladoras de la ciudad se interesan por suerte en el tema). Esta es otra constante policial, jefes y delincuentes de esa fuerza, cometen delitos y son encubiertos por la justicia, el ministerio público y la clase política que gobierna la ciudad. Estos encubrimientos nunca son gratuitos.
Este Modelo de Delitos Policiales, se aplica con diferencias menores, en los 24 distritos que integran el país. Aún en las provincias más pequeñas y en las de menores poblaciones, como La Pampa de algo más de 350 mil habitantes, las fuerzas policiales recaudan coimas y cometen delitos bien protegidas, como si existiera un Manual de Procedimientos de los Delitos Policiales. Todo este desmadre se puso ya de manifiesto, a partir del incremento del consumo de drogas, en el nefasto gobierno menemista, fundamentalmente con la explosión de la demanda de cocaina. Apareció ese veneno llamado paco que se expandió rápidamente y luego se sumaron las nuevas drogas sintéticas (por suerte los cárteles mexicanos están muy ocupados envenenando más de 100 millones de norteamericanos, y no se les ocurrió enviarnos sus producciones de heroína). Cannabis siempre hubo y siempre va a haber, pero a esta altura y comparando con las drogas mencionadas, se trata de un problema muy menor, considerando además sus cualidades medicinales. En el marco descrito, las recaudaciones policiales tampoco pararon de crecer. Claro que los  integrantes de esas fuerzas también se diversificaron con bandas mixtas, tráfico de auto partes, prostitución, trata de personas, extorsiones y muchos etcéteras.

La problemática hasta aquí descrita es simplemente siniestra pero hay algo peor: la situación continental de las drogas en las que estamos inmersos. Tuve durante varios años, la posibilidad de ver y analizar la situación de los 7 países Americanos de más complejidad del narcotráfico: por situación geográfica y de sur a Norte además de Argentina, estoy refiriéndome a Bolivia, Brasil, Perú, Colombia, México y Usa. En todos estos países se producen una o más drogas. En todos los países las fuerzas policiales, tienen también un Modelo de Delitos Policiales, y en algunos como México, Colombia y Perú, la pudrición también alcanza a las fuerzas armadas, ya que legalmente pueden intervenir en la farsa llamada la guerra contra las drogas. En el centro de esta Latino América está la producción y comercialización de drogas y los arreglos políticos, policiales y judiciales. Con algunas diferencias, en todos estos países los grandes narcos pagan protección, y esa protección les permite además ver como las fuerzas persiguen a sus competidores. Todo este caldo pestilente, se favorece justamente con la prohibición de los estupefacientes. El avance en el tema en un presente o un futuro, va pasar en buena medida por descriminalizar las drogas, tal como Portugal lo viene demostrando desde hace unos años.

El asesinato de Lucas y la tentativa de homicidio de sus 3 amigos, saltó a la luz en primer medida por lo magnitud de todo lo aberrante. Como las primeras noticias de la prensa canalla, planteaban un operativo contra 4 delincuentes, por suerte apareció el presidente de Barracas Central y de la Afa oliendo el pescado podrido: llamó por teléfono a todos los periodistas deportivos, para decirles que no eran ladrones sino jugadores de su club o chicos que se estaban probando en el mismo. Todos los periodistas amarillos -por ser del pro y por diseminar noticias amarillas- se dieron vuelta como panqueques, sin parar de hacer el ridículo: la payasa Canosa le preguntó a los 3 sobrevivientes a que candidatos votaron, hasta que uno de los chicos le paró el carro maravillosamente. Todos estos estúpidos amarillos cacarearon y pasaron a decir que comprenden el dolor de los familiares. Otra de sus tantas mentiras: ninguno de los que no perdimos un hijo podemos sentir la crudeza e intensidad de ese dolor. En esta instancia solo podemos abrazar y acompañar a los familiares de Lucas, exigir una y mil veces Justicia, desarmar el encubrimiento de los 3 policías criminales, y seguir machacando incansablemente, contra el Modelo de Delitos Policiales, sin meter en la bolsa a los miles de policías que se juegan la vida en las calles con sueldos miserables.

Jorge O. Rodríguez, 21 de noviembre 2021   

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