
Juan Manuel Ibarguren, el “intendente” de Pinamar, que según muchos políticos locales lo definen como el títere de Martín Iván Yeza, quien desde la Legislatura Bonaerense maneja los hilos del municipio, incluso en la composición del gabinete que acompaña la gestión.
Ese armado político, tiene todos los condimentos que trae seguir manteniendo a funcionarios, relaciones políticas y de negocios, porque en definitiva la política se financia con “negocios”.
Juan Manuel Ibarguren, con CUIT: 20-31937563-6, según ARCA, es un Monotributista Categoría C, sí aunque usted no lo crea.
Como datos biográficos, el actual intendente declaró en su momento ser hijo de un DJ y de una maestra jardinera, los que más tarde dejaron sus profesiones para instalarse en el campo y dedicarse a la apicultura y el turismo rural. Refiere haber estudiado administración de empresas en la UBA y luego volver a Pinamar para vivir con su esposa Catalina y su hija Joaquina.
Gran parte de su historia laboral fue en el marketing y la publicidad, para luego abrir su propia empresa de eventos corporativos y una dietética en el barrio de Belgrano, repasa haber viajado por Europa y Australia donde administro un hotel y hacer surf en el Sudeste Asiático. Donde dice vivó una experiencia espectacular, para tener su propio bar de playa al regresar en Ostende el que se llamaba “Cayo Coco”.
Declaraba por los medios de prensa cuando era un candidato que uno de sus obejetivos en caso de ser intendente era convertir a Pinamar en la ciudad con mejor calidad de vida, con posibilidades de acceso a una vivienda y a empleos dignos, algo que hoy no se ha concretado.
El crecimiento inmobiliario de Pinamar, es solo para beneficio de empresarios foráneos que no dudan en reconocer que pagan poco, que promueven extensas horas de trabajo o incluso que duerman en las oficinas como lo ha publicitado el empresario Iván Renkine con total impunidad al saber que a nadie le interesa se respeten las normativas laborales vigentes, total, el gurú de los negocios que se define como asedor, tiene relaciones bien aceitadas con el Colegio de Martilleros de Dolores, especialmente con un abogado que fue presidente del lugar y que ahora ocupa una dirección en el municipio de Pinamar, entonces todo empieza a tener sentido.
Lamentablemente el municipio de Pinamar, con Ibarguren como intendente, a dado sobras muestras de incumplimiento en la supervisión de obras particulares y para yapa de tener empleados municipales realizando obras públicas sin los elementos de seguridad personal obligatorios, entonces, ¿dónde quedo ese objetivo de empleos de calidad?.
Hoy el hecho más relevante que empaña la gestión municipal y peor aún la imagen del intendente, es la muerte del joven Fausto Maldonado, donde la elección del intendente es bien clara, lejos de apoyar el reclamo de justicia de su madre Carina Zabala, juega al distraído mientras se esconde por las dudas detrás de un patrullero en lugar de dar la cara a una madre que pide justicia, una madre que como docente formó a cientos de niños, varios hoy adultos en Pinamar, digo, parece que la empatía por ser hijo de una docente no existe al momento de priorizar los negocio$.
Y el título del artículo no es más que un recordatorio de ese refrán popular de que no hay que escupir para arriba, porque sos padre y porque si tu hija fuera víctima de la corrupción y la negligencia querrías tener muchas personas apoyando tu reclamo de justicia.
Pinamar en estos días de investigación periodística se presenta como un gran desafío profesional para los que buscamos la verdad, para los que hacemos periodismo y no publicidad, porque parece que muchos se acostumbraron a decirle periodista a los que no repreguntan, a los que no investigan, a los que se olvidaron que no es función del periodista participar de fiestas con el poder, sino de interpelarlo.
Hay muchas cuestiones por aclarar para que la sociedad de Pinamar conozca, esa sociedad mayoritaria que es la que vota y que debe aprender que su voto vale solo en el acto de elegir la boleta porque una vez que los políticos asumen, sus actividades sociales son para un reducido grupo, para esos que se creen por sobre la Ley, por sobre la dignidad, el honor y por sobre la VIDA.
Es comprensible que cuando las prioridades personales dejan de ser las del ciudadano de a pie, volver a poner los pies en la tierra no es tarea fácil, porque el entorno no ayuda y porque el ejercicio del poder embriaga las mentes y lo virtuoso es el lujo, el placer, la vida sibarita.
Si la pésima idea de las autoridades locales, usted como intendente, la jueza de paz, un Comisario y los “aliados” que se puedan sumar o comprar para garantizar impunidad, es apostar a que el tiempo desgaste el reclamo de justicia, sepan que la gota de agua termina perforando la piedra.
Por Marcelo Ricardo Hawrylciw


