El auge de las NFT: El nuevo fenómeno que revoluciona el mundo del arte.

By Andrew Bay, UK

El Criptoarte nos suscita muchas imágenes y referencias a cualquiera de nosotros hoy en día. Los NFT, que son el vehículo del Criptoarte del que posiblemente hayas oído hablar, son formas de arte esencialmente multimedia, respaldadas por la tecnología de la cadena de bloques (blockchain). Son obras de arte descentralizadas y poco comunes que preservan las intenciones, la autonomía y, sobre todo, la propiedad intelectual del artista. Seguramente te preguntes por qué los NFT son tan únicos y por qué se les está dando tanto bombo. Bien, hay varias explicaciones.

Un NFT es un token no fungible. Es un elemento individual que representa a un activo en la cadena de bloques. Desde sus inicios, la tecnología de la cadena de bloques se diseñó específicamente para hacer intercambios y crear un comercio financiero seguro e individualizado en internet. En otras palabras, permite que los operadores económicos se transmitan información al instante, sin tener que pasar por un tercero como un banco o un intermediario.

Al dorso de esta innovación técnica, el concepto de los NFT ha creado un canal de artistas y diseñadores digitales para mostrar y compartir su producción creativa con el mundo. Es un enfoque revolucionario con el que crear, difundir y distribuir arte. Los NFT mejoran de manera radical la capacidad del artista de concebir y controlar el valor de su producto, mientras que, a su vez, da a los compradores de arte una claridad total sobre la autenticidad y el origen de sus adquisiciones.

Los activos NFT pueden ser arte electrónico, objetos de interés, archivos o música, o una simbiosis de todas, o una combinación no probada de diseños digitales. Por su naturaleza, los NFT permiten que los innovadores del sector superen los límites de su creatividad explorando el poder ilimitado de estas plantillas innovadoras y poco convencionales.

La pega es que, aunque hagas una captura de un NFT con tu smartphone, no podrás comercializarlo por el valor que tenía inicialmente. Otra forma de verlo es que te resultará difícil encontrar un comprador por una mera fotografía de Los girasoles de Van Gogh. Por esta razón, en cuanto el nuevo comprador recibe el NFT, la transacción y su valor se documentan inmediatamente en la cadena de bloques: una biblioteca computarizada de transacciones y comercializaciones que nadie puede modificar y a la que nadie puede acceder. Ser capaz de confiar en la credibilidad de estas licencias digitales, que cualquiera puede verificar en internet, garantiza que la fuente de cualquier activo NFT sea legítima y no transferible. Por eso la captura de pantalla del NFT no tendría valor tangible. 

Por otro lado, el verdadero comprador está adquiriendo esencialmente software que muestre las imágenes: es arte, pero en un formato poco convencional. Además, vale la pena recordar que no compras la imagen en sí; adquieres los derechos de propiedad intelectual incrustada.

Puede que te estés preguntando cómo comenzó todo este nuevo paradigma y cómo esta nueva tecnología vio la luz del día. El hombre que hay detrás del primer NFT se llama Kevin McCoy.

En mayo de 2014, Kevin se acuñó un NFT, al que llamó Quantum, en un momento en el que el mercado del arte en forma de criptomonedas ni siquiera existía. Quantum es una representación en pixeles de varias formas y figuras geométricas que parpadean distraídamente en un fondo de colores. Se le estimó un valor de unos siete millones de dólares. McCoy hace poco dijo que el aumento del espacio de NFT es un gran ejemplo de la evolución continua del panorama artístico internacional.

Este es el último paso en la extensa narrative de creadores que utilizan tecnología para abrir nuevos caminos.

No hace falta tener conocimientos técnicos para crear un token simple; lo único que necesitas es demostrar que eres el propietario o el autor del contenido producido y, voilà, tienes todo listo para acuñar NFT. La idea original de los tokens no fungibles coincidió con la llegada de un nuevo grupo de monedas en la cadena de bloques del Bitcoin allá por 2013. rápidamente adquirieron el nombre de ‘monedas coloreadas’: podían interpretarse como símbolos de bienes, servicios y recursos del mundo físico, que luego podían almacenarse en el equivalente de un libro de cuentas estándar, comúnmente conocido en la tecnología de cadena de bloques como registro contable.

Estas monedas coloreadas constituyeron una prueba certificada de propiedad de un dividendo financiero, una transacción o una inversión; se podían usar en lugar de oro, plata, bienes raíces, acciones y participaciones o incluso vehículos a motor. Igual que como hizo Bitcoin en su día, estas monedas fueron consideradas de inmediato un nuevo producto tecnológico con gran potencial para varios usos y aplicaciones.

En agosto de 2016, el concepto de ‘monedas coloreadas’ comenzó a ramificarse en nuevas direcciones y encontró una implementación inesperada en el mercado del gaming, sobre todo en las cartas coleccionables y en la cultura. El Criptoarte, que hace referencia al meme de internet Pepe el Sapo, comenzó a comercializarse en la cadena de bloques de Ethereum en 2017. Después, el primer festival de arte digital se organizó en la ciudad de Nueva York en 2018 y la primera venta de criptoarte jamás registrada fue la cartera Rare Pepe.
El arte digital se había abierto camino en el mundo artístico; se demostró que podía monetizarse, que tenía una deseabilidad inherente y que los artistas de todo el mundo podían utilizarle como active valioso. 

La siguiente gran sensación del criptoarte fue la serie CryptoPunks de los artistas canadienses John Watkinson y Matt Hall. Esto se puede considerar el comienzo de la locura por los NFT, que no ha parado de subir en los últimos tres años. Se lanzaron diez mil CryptoPunks en 2017 y, debido a su singularidad, ahora son propiedad codiciada de la casa de subastas de Christie. En los siguientes años, de 2018 a 2021, los NFT crecieron en popularidad y se dieron a conocer en el mundo artístico, pero fue en 2021 cuando llegaron a convertirse en una parte integral de la cultura mainstream.
 
Hoy en día, las plataformas de trading de NFT están mejor reguladas y son más fluidas que la mayoría de los demás procedimientos que existen para la asignación de fondos.

Cabe destacar que permiten a cualquier creador digital usar esta tecnología de registro distribuida, para producir y distribuir sus trabajos. Artistas de todo el mundo pueden llegar más allá de los límites geográficos y físicos para cautivar a nuevos clientes dispuestos a descubrir y disfrutar de sus creaciones. Mientras que los NFT emergieron de una serie de accidentes afortunados y avances tecnológicos inesperados, el futuro parece brillar para esta nueva forma artística. Las posibilidades sin límites para sus amplias posibilidades de configuración, el trabajo en equipo, las ventas y los enlaces rápidos entre diseñadores y curadores, transformará de manera inevitable los NFT en una tecnología diaria. Los NFT parecen haber explotado en un ecosistema transnacional de varios millones de dólares en internet, y parece no haber fin a la vista de hasta dónde va a llegar este paradigma cultural.

Fuente: Composition Gallery

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