Desde la fatídica madrugada del 24 de enero del 2004, la ausencia de Remigio Antonio Valdéz ha sido insoportable para sus seres queridos, víctimas de la inseguridad y la violencia más irracional, en la que la vida para esos delincuentes no tiene valor alguno, y matar es solo una manera de expresar su desprecio para con la sociedad.
Hoy, 18 de diciembre, Remigio debería estar festejando con sus hijos un año más de vida, de una vida dura y de trabajo, con la felicidad que solo brinda el saberse un hombre de bien, honrado y orgulloso de poder brindar a sus hijos un ejemplo de honestidad, en épocas donde todo pasa por otros valores y pocos se brindan al otro.
Vino de su Tucumán querida siendo muy joven, pudo tener un futuro en el fútbol, pero las necesidades de su familia lo llevaron a conocer el trabajo siendo practicamente un niño, con la poca enseñanza formal que tuvo, pudo aprender a «pelearle» a la vida con la cultura de la calle, y su rapidez mental para las matemáticas hicieron que pudiera prosperar a paso firme.
Primero vivió en el barrio de Caballito con su familia en una casona antigua bordeando las vías del ferrocarril, supo tener su primera verdulería en el barrio de Almagro y ganarse el cariño de sus clientes, siempre tenia una palabra justa, era algo reservado pero también comprensivo, sus amigos lo recuerdan como el tipo de «fierro», de esos con códigos.
Luego con la familia más grande, se mudaron a la localidad de Temperley, en el sur de la provincia de Buenos Aires, allí, junto a su esposa Carmen, y sus hijos Claudia, Marcelo y Daniel pasaría sus últimos días, cosechando amigos en su día a día, trabajando más horas de las que su cuerpo podía resistir, con la única razón de poder brindarle a su familia lo mejor y que no tuvieran las carencias que él tuvo de niño.
En una recorrida por la estación de Banfield, donde Remigio poseía un puesto y una verdulería, a pesar de los años pasados, son varios los que lo recuerdan con mucho afecto, especialmente los choferes de la línea 294, allí mismo, a solo 50 metros de la estación de Banfield del lado este, con esfuerzo pudo montar un bar y así ayudar a sus hijos varones a tener un trabajo donde ellos fueran sus propios jefes. Más tarde debido al éxito del lugar de paso para pasajeros del tren, se incorporaron su cuñada y su esposo. Así era Remigio Antonio Valdéz, un hombre generoso, trabajador y un ejemplo para muchos de entrega, tan grande era su corazón y su experiencia de sufrimiento y necesidades, que si hubiera tenido tiempo de hablar con su asesino, le hubiera dado algunos consejos y hasta le habría ofrecido un trabajo, pero hay quienes solo escuchan el odio y ejecutan sin más a quienes se les cruza por el solo hecho de vomitar su basura.
El perfil de su asesino es el un típico pibe de clase media baja, que se alimento de resentimientos por la poca atención y contención de sus padres. Pero nada de esto puede ser causal para formar a un asesino, cobarde que mata a alguien en un estado de total indefensión, este asesino que se llama Maximiliano Alejandro Fontela, DNI 30.102.017, que hoy se encuentra alojado en la Unidad Penal de Sierra Chica, gozando de los privilegios que buscan aquellos que son capaces de matar por la espalda, pero no se «la bancan» cuando están con pares, son la clase de personas que esta sociedad debe hacer que sus penas se cumplan efectivamente, porque quien desprecia la vida humana, de poca utilidad puede ser para todos, y por el contrario nos exponen a todos a su desprecio por la vida ajena.
Una madrugada, las crónicas policiales relatan que en la calle Valentín Vergara 1451 de Banfield, fue asesinado a las 05:35 hs. de un 24 de enero del 2004, Antonio Remigio Valdéz, de 63 años de edad, comerciante. Pero nadie podrá describir el dolor de sus hijos, especialmente Claudia, su hija por quien el no paraba de comentar a quien tuviera cerca el orgullo que le daba verla hecha mujer, independiente y como hermana mayor cuidar a sus hermanos y nietos, esos nietos a los que aún hoy les falta el «Nono», ese abuelo comprensivo y divertido. Tampoco las crónicas comentaron que durante el juicio oral y luego de la condena, su hija recibió amenazas de muerte por parte de familiares y amigos del asesino, incluso la golpearon en los propios Tribunales de Lomas de Zamora.
Hay dolores para los que no existen medicamentos, hay ausencias que son eternas, hay personas irremplazables. Existen personajes que no deberían salir de la cárcel y existen hombres que la sociedad no debería perder, va este homenaje a un señor, un argentino de trabajo, un padre de familia y un amigo al que hoy muchos recuerdan, que Dios te tenga en su gloria y tu alma este en paz.
Carmen Ramos, Claudia Alejandra Valdez, Marcelo Antonio Valdez, Daniel Orlando Valdez, y sus nietos Antonio Valdez, Agustín Valdez, y Dr. Martín Devoto.



MIS SINCERAS CONDOLENCIAS A LA FAMILIA Y LAMENTABLEMENTE NO HA CAMBIADO NADA EN NUESTRO PAIS; SE SIGUE FOMENTANDO UNA POLITICA PERMISIVA TEMIENDO LA PALABRA REPRESION QUE NI MAS NI MENOS ES CONTENCION, SE PUEDE REPRIMIR CON LA LEY EN LA MANO CON EL CODIGO EN LA MANO PERO ESTE ES EL RESULTADO: NADA DE NADA Y ASI FUE AUMENTANDO LA VIOLENCIA Y AHORA PARA MAS, VAMOS A TENER UNA POLICIA DESARMADA; DIOS NO AMPARE DE ESTA GENTE QUE NO GOBIERNA, DIOS Y NOSOTROS CON LOS VOTOS.
La verdad como hijo, pido la pena de muerte para el asesino. Que tenemos que esperar que lo dejen libre y luego destruya otra familia?. Mis mas sinceras condolencias a la familia. Ojalá la familia pueda encontrar la Paz Espiritual necesaria.