Los vecinos de Pinamar deberían concurrir a la marcha Justicia por Fausto no solo en apoyo a una madre que reclama justicia, sino también por todos los potenciales víctimas de la corrupción y la impunidad, porque nadie sabe si mañana no son ellos los que reclamen justicia.
En los lugares donde los poderosos se sienten por sobre la Ley, los derechos del resto son relativos, nadie ignora que las condiciones laborales están descuidadas y que los pagos están por debajo de lo que se paga en otros lados.
El crecimiento inmobiliario no beneficia a todos los vecinos, sino a un grupo reducido, ni siquiera aporta la posibilidad de que esas inversiones por derrame sean algo positivo, en Pinamar se pagan servicios elevados y el boleto del transporte público es uno de los más caros del país.
La muerte de Fausto Maldonado ha expuesto las pésimas condiciones de trabajo para los obreros de la construcción, gracias a la impunidad de saber que el municipio no va a controlar, que la UOCRA mirará para otro lado y que el propio Ministerio de Trabajo Bonaerense tampoco controlará las millonarias obras.
Marchar es plantarse contra lo que está mal.



