Daniel Carduz fue llevado a la fiscalía del distrito de Ituzaingó para ser notificado de otros hechos delictivos, que se les suman a los que provocaron su detención. “Me voy a la mierda”, dijo antes de sacar la faca y atacar.
Daniel Carduz tiene 30 años y estaba detenido desde principios de mes por dos robos con uso de armas en Ituzaingó. En estas semanas, se descubrió que participó de otros cuatro hechos similares. Ayer fue llevado a la fiscalía del distrito para notificarle que sería imputado por los seis delitos, pero se enojó. «Me voy a la mierda», dijo delante de la fiscal, el defensor oficial y un policía de custodia, mientras sacó una faca de 10 centímetros y amenazó con matar a todos. Tras herir con cortes y golpear a los efectivos, el sujeto fue reducido por un empleado judicial con una toma de artes marciales.
Fuentes judiciales contaron detalles del escándalo, ocurrido en la Unidad Fiscal de Instrucción 2 de Ituzaingó, a cargo de Natalia Narmona Luppi, que ayer notificaba al detenido Carduz por otros cuatro hechos de robos con abuso de armas de fuego, que se sumaban a otros dos casos similares, por los cuales se encontraba alojado en la comisaría primera del distrito.
Carduz fue trasladado desde la seccional por dos efectivos de la División de Custodia y Traslados, dependiente del Ministerio de Seguridad bonaerense. Uno de los efectivos se quedó en el despacho de la Fiscal Narmona Luppi, junto a una secretaria y el defensor oficial del imputado. En ese marco, comenzaron a explicarle que el expediente se había modificado al obtener datos precisos sobre los otros cuatro delitos contra la propiedad con violencia y utilización de armas en los que está sospechado.
«Me voy a la mierda», fueron las palabras de Carduz, que para sorpresa de todos se levantó de la silla y sacó de la manga de su camisa una faca de 10 centímetros de hoja. Los funcionarios de la Fiscalía trataron de protegerse como pudieron, mientras el delincuente tomó de rehén al policía rodeándole el cuello con un brazo, mientras con el otro blandía la faca de forma amenazante. Todo el episodio, de extrema violencia, se extendió por interminables 20 minutos, con un saldo de un efectivo con heridas cortantes, una mujer policía golpeada y otro efectivo con raspones, más el horror y miedo de los funcionarios. En el medio del desastre, un bombero de Ituzaingó que se encontraba declarando en la fiscalía conjunta llamó a la central para que manden más policías.
Pero todo terminó cuando un empleado judicial logró reducir al delincuente cuando aplicó una técnica de artes marciales, doblándole el brazo.


