La denuncia difundida por organizaciones proteccionistas y medios locales, muestra a Bautista Bravo, de 18 años, provocando la muerte del animal a patadas, mientras Imanol Santerre registraba la agresión en video.
Fue un acto de violencia cobarde contra un animal indefenso.
Nada justifica atacarlo.
Nada justifica patearlo.
Nada justifica grabar su sufrimiento.
Habla de una forma de mirar a los animales como si fueran menos. Como si su dolor fuera menor. Como si su vida pudiera ser interrumpida por diversión, por burla, por impulso o por la necesidad miserable de demostrar poder.
La violencia contra los animales rara vez aparece de la nada. Crece donde se enseña que algunas vidas no importan. Donde se celebra la dominación. Donde la crueldad se disfraza de broma y el sufrimiento ajeno se convierte en contenido.
Matar a un animal indefenso no demuestra fuerza.
Demuestra cobardía.
Demuestra una desconexión brutal con la vida de otro ser que también sentía miedo, dolor y deseo de seguir existiendo.
Los animales no están en el mundo para ser perseguidos, golpeados, humillados ni usados como entretenimiento. Tienen su lugar en los ecosistemas. Tienen su propia vida. Y esa vida no nos pertenece.
Lo ocurrido en Bahía Blanca debe investigarse y tener consecuencias.
Cuando una sociedad minimiza la crueldad contra los animales, también aprende a mirar hacia otro lado frente a cualquier forma de violencia contra quienes no pueden defenderse.
Justicia para este coipo.
La crueldad animal no puede quedar impune.




