De filmar 15 películas a revocar paredes: la vida de un productor de cine que pinta casas para vivir

Lucas tiene 42 años y hace dos que se quedó sin trabajo en la industria. “Me comí todos los ahorros”, asegura. La crisis del cine argentino, el freno de las producciones y el repliegue del INCAA empujaron a cientos de trabajadores audiovisuales a reinventarse lejos de los sets.

Lucas Liberal se deja caer en la silla de lona. Se desploma. Parece que hubiera caído desde un lugar muy alto, un techo, un andamio. Se prende un cigarrillo. Antes de empezar a hablar, se saca la vincha que le cubre parte del pelo. Es de color azul, pero está invadida de puntos blancos; como el resto de su ropa, es una lluvia de pintura que se renueva cotidianamente desde hace 20 días, cuando volvió sobre un oficio que había aprendido de adolescente: revocar, enduir, lijar; preparar las paredes para recién después pintar. Esta vez no es como cuando le enseñaba su papá, no es un juego didáctico. Esta vez es en serio; es el único camino que encontró después de dos años sin filmar una película, una serie, una publicidad. Nada. Poco le importó al mercado audiovisual sus casi 20 años como productor; sus 15 películas filmadas; entre ellas la impactante serie de Senna, la última que produjo.

-“Ya hacía dos años que prácticamente no tenía trabajo. Me comí todos los ahorros. No me quedó otra que ponerme a trabajar como pintor. Por suerte una amiga me propuso pintar su casa».

Lucas, 42 años, tiene un hijo y una hija adolescentes que siguen viviendo en el pueblo donde creció, Ruffino, una localidad al sur de Santa Fe, donde viven unas 19 mil personas. El nombre de Ruffino retumbó nacionalmente en el año 2000 por ser el epicentro del caso del juez Carlos Fraticelli, acusado de asesinar a su hija Natalia.

Hace un par de meses que no los puede visitar. Entre la escasez económica y la demanda de la casa a pintar no logra encontrar la forma.

-“Para mi las vacaciones y cada movimiento con mis hijos es un dineral. Si viajan ellos son por lo menos cuatro pasajes, si también me muevo yo son seis. Cuando tenía trabajo las veía todos los meses, ahora se volvió muy difícil».

El nuevo desafío es un PH de San Cristóbal, de esos clásicos donde el patio organiza la vida cotidiana y la terraza habilita una mirada horizontal de la ciudad. Las paredes están todas resquebrajadas, coartadas como una piel demasiado expuesta al sol. Algunas tienen manchones rosas. Otras grises. Otras blancas. Otras simplemente muestran el ladrillo al desnudo.

La dueña de la casa se fue de viaje y le propuso una misión a Lucas. Renovar todas las paredes, techos y aberturas. Un trabajo que va a demandarle dos meses. En este momento está a mitad de camino. Para su suerte, no está solo. Para este tipo de cosas hace dupla con un antiguo compañero de rodaje, Mauro.

Cada uno se va a llevar –60 días después del inicio– una cifra cercana a los 2 millones y medio de pesos. Bastante menos de lo que solía ganar como productor de una plataforma internacional.

El lugar que ahora está pintando podría ser una locación más de las tantas en las que montó las cámaras, asistió en la producción, en la logística e incluso participó con algunas actuaciones. Desde hace 18 años trabaja -trabajaba- sin interrupciones en series y películas argentinas.

“Esta podría ser la casa Ángela Torres en Días de Gallo”, imagina en uno de los descansos, rodeado ya no de cámaras sino de tachos de pinturas, enduido y lijas usadas. La serie de HBO donde fue primer asistente en Producción- retrataba la escena de música urbana y el freestyle. Se rodó en 2022 y tuvo dos temporadas.

Lucas aún tendría por delante series top como Soy tu Fan, Envidiosa, Senna. Nada -en aquel prolífero 2022- le hacía imaginar que al año siguiente su vida laboral se congelaría de repente. Su vida y la de muchos de sus compañeros.

-“Teníamos tanto trabajo que nos costaba conseguir refuerzos. Siempre en las producciones tenés que llamar a alguien a último momento. Y siempre hay gente dispuesta a ir en el momento. Pero en esa época había tanto que no conseguíamos a nadie”.

Mauro González no llega ni va a llegar hoy a terminar su jornada. Está atascado en algún lugar de la Ruta 2 mientras vuelve de Villa Gesell, donde vive desde hace ocho años. A sus 59 años, Mauro es casi un nómade: va donde haya trabajo. Aunque ahora no se esté moviendo mucho. El comienzo de su vida laboral está vinculado a la nobleza cinematográfica argentina. A través de un conocido llegó a tener una charla personal con Horacio Labragna, sobrino y productor de varias películas de Leonardo Favio. Apenas lo conoció, Labragna le vio condiciones técnicas y le propuso sumarse al equipo de producción. Le dijo:

-“Te invito a jugar en mi patio y si te gusta, te quedás”.

Eran los años 80s y no abundaban las escuelas de cine. La industria usaba fílmico, material sensible y delicado que necesitaba un conocimiento específico para su manipulación. Hacer cine se parecía más a un oficio que se aprendía en la práctica que a una carrera con título oficial. Mauro no dudó y se quedó jugando en el patio de Leonardo Favio. Todavía no había cumplido 20 años.

En ese contexto, la clave para su irrupción en el sector audiovisual fue la formación técnica que le dio su colegio industrial. Esa base técnica le abrió las puertas a varias áreas dentro de la producción, donde ocupó diferentes roles hasta llegar a la jefatura de varios largometrajes, pero también en utilería y efectos especiales.

Desde ese momento no estuvo un solo año sin filmar. En 2022 trabajó con Lucas en la producción de la serie Días de Gallo como productor técnico. Ese mismo año viajó a México para participar también en la producción de Soy Tu Fan. Y en 2023 volvió a cruzarse con Lucas en la gigantesca Senna; esta vez como una de las cabezas de la producción.

Pero todo se cortó a finales de ese mismo año. Volvió a recurrir a sus conocimientos técnicos del secundario para hacerse de un salario que le permita llegara a fin de mes. En los últimos años fue instalador de cortinas, pintor, electricista, plomero.

-“Lo único que trato de no agarrar es todo lo que tenga que ver con el gas; después hago lo que sea donde sea para sobrevivir. Pero todos los días extraño trabajar en cine”.

Lucas consiguió la clienta. Mauro puso el cerebro general para avanzar con los arreglos. Entre los dos hacen un equipo de supervivencia. Dentro del set cuando se rodaban películas, fuera del set en cualquier casa o departamento a refaccionar.

Una tarde, mientras terminaba de enduir una de las paredes del patio, Mauro alcanzó a escuchar el timbre de su teléfono. Lo estaban buscando para una nueva producción. Nueva, y novedosa: una serie en formato vertical; un producto exclusivamente pensado para Instagram.

El ritmo de las redes sociales parece también imponerse en esta industria que, a nivel nacional, empieza a languidecer después de que el gobierno nacional le retirara el apoyo al instituto del cine.

Es difícil calcular la merma en la industria cinematográfica porque, al menos en el mercado local, no hay una estadística exacta sobre los números y los datos. Sin embargo, un cálculo a ojo en el cuadro publicado por el INCAA puede ayudar a dimensionar la situación en comparación con el período anterior

Entre el periodo que va del 2010 al 2020 se estrenaron -en promedio- unas 200 películas por año. Un 60% de ficciones y un 40% de documentales. Desde 2023 hasta la fecha, todavía no se estrenó ninguna obra con el régimen actual. Es decir, todos los estrenos fueron producciones hechas durante la gestión anterior.

Como recién reabrieron los concursos en 2025, en algún momento de este año se prevé que saldrán a la luz los primeros trabajos apoyados por el INCAA actual.

En base a los concursos aprobados, ese año se financiaron, en total, 72 películas que, desagregadas, fueron 48 Documentales de presupuesto bajo, (US$15.000), dos documentales de mayor presupuesto, ocho ficciones de presupuesto bajo, dos ficciones de presupuesto medio, seis óperas primas, dos segundas películas y cuatro de cine fantástico.

Para este año, las previsiones –y los presupuestos– son similares.

Francisco Márquez es director y productor. Entre sus películas figuran La larga noche de Francisco Sanctis, Un crimen común, entre otras; y es uno de los pocos que estrenaría un trabajo este año.

Para Márquez por un lado “hay un repliegue objetivo del INCAA durante esta gestión que tiene como consecuencias que se produzcan menos películas, se concentre el mercado y el cierre de programas y quita de apoyo a la distribución de las películas nacionales”.

Al mismo tiempo –agrega el director- y como parte de un fenómeno global, “las nuevas plataformas que más producen en Argentina, ante el retroceso del Estado, son esas empresas, de capital norteamericano, que definen qué y quiénes filman. De esa manera, se privilegia la lógica del algoritmo y el balance comercial por sobre el interés social y cultural que puede tener una película o una serie para el país”.

Mauro encontró, en este contexto, una salida al laberinto. Está contento de volver a su profesión, aunque sea en estas producciones que distan muchísimo de las tradicionales. En el rol de técnico y eléctrico grip -varias posiciones en una- Mauro ya se prepara para grabar -en junio- una nueva serie de Shorta, la productora de Armando Bo. Shorta es la primera plataforma argentina de microseries verticales creada Bo junto al fundador de Cuevana, Tomás Escobar, y Ariel Arrieta.

Adrián Gilbino es técnico audiovisual y grip de oficio. Pero desde 2023 maneja su auto para una aplicación. A veces Uber, a veces Didi, a veces por su cuenta. Lo importante es convertir el tiempo en dinero; sumar pesos a fin de mes para sostener a su familia, su mujer, que está desempleada, y una hija de un año y un nene de 4 años. Sus otros cuatro hijos ya son grandes y no dependen de él para sobrevivir.

En este momento va por algún lugar de Avenida San Martín y, por primera vez en dos años, llega un mensaje alentador. Lo están buscando para una nueva serie de Netflix.

Adrián tiene 53 años; empezó en 1992 haciendo transporte de carga para Feliz Domingo; y 20 años después -en 2012- se ubicó como experto en la instalación de cámaras; oficio conocido en el ambiente como grip. Trabajó en películas y series top como Relatos salvajes, Amapola, y más acá en el tiempo para Maradona, El Marginal, Monzón, y muchas más.

-“Desde que empecé en este rubro hasta 2023 no paré de laburar, salía una producción tras otra. Jamás imaginé que se iba a destruir esta industria. Después de varios picos de depresión y desesperación al ver que no sonaba el teléfono, empecé a trabajar con el auto, hice trabajos de jardinería, como peón en carga y descarga, pinté casas. Lo que surgiera”.

Con la nueva serie sabe que tiene trabajo hasta junio y también sabe que es una eventualidad en medio de una crisis que desborda la particularidad de su sector. Por eso en sus planes ya aparece un nuevo destino: Italia.

Adrián y su familia no lo dudan. Una vez que se termine el rodaje, ya tienen decidido vender todo, dejar la casa que alquilan en Caseros y viajar a Monterosso Grana, una localidad de 560 habitantes al este del Piamonte. Ahí, en ese pequeño pueblo, Adrián y su familia tienen la esperanza de poder reiniciar sus vidas.

-“La realidad del país nos está golpeando muy fuerte, a nivel económico pero también a nivel psicológico y anímico. Mi papá es italiano pero jamás había pensado en la posibilidad de migrar. Lamentablemente, sentimos que hoy no nos queda otra”.

Fuente: TN

Por Emiliano Gullo

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