El 42% de lxs jóvenes mayores de 18 años que viven en barrios populares del AMBA abandonaron la escuela, por las severas dificultades para sostener “sus expectativas de integración a través del estudio y el trabajo”. Un tercio de lxs encuestadxs se imagina trabajando por su cuenta, pero menciona ocupaciones precarias y de subsistencia, revela el informe “Vivir en el presente. Voces de jóvenes excluidos de barrios populares”, que elaboraron el Instituto Universitario Cias y Fundar.
En una serie de entrevistas cualitativas, chicas y chicos atravesadxs por privaciones socioeconómicas y socioresidenciales, detallan la cadena de obstáculos que enfrentan para poder proyectar “un futuro de integración social”.
“Han transitado experiencias de disolución familiar temprana, abandono escolar y recurrencia en el empleo precario, el rebusque y las actividades económicas ilegales”, describe el sondeo que reconstruye las vivencias con la familia, la escuela, el barrio y el trabajo. “Parten de experiencias familiares conflictivas, caracterizadas por la violencia, los consumos y las problemáticas de salud mental.”
“Empecé un año (el ciclo escolar) y como vivía en la calle, no pude terminar. Yo me movía por Chacarita y el colegio está allá en el sur, no se puede estar viajando, caminando hasta allá”, dice Brian, unx de lxs jóvenes encuestadxs.
El consumo problemático, el delito y la participación en economías ilegales “no pueden comprenderse solo como decisiones individuales ni abordarse exclusivamente mediante sanciones penales”, advierten en la investigación. “Son comportamientos estructuralmente inducidos por entornos donde las instituciones que deberían sostener la crianza han perdido capacidad de hacerlo. Sin embargo, la discusión política dominante tiende a concentrarse casi exclusivamente en sus manifestaciones penales.”
En un contexto territorial con presencia de redes delictivas y narcomenudeo, “para muchos jóvenes, estas actividades son formas de generar mayores ingresos y, en algunos casos, de ganar prestigio y reconocimiento”.
“Los transas alquilan una casa en tu cuadra y hacen que te vuelvas soldadito sí o sí… así no los podés denunciar”, explica Yolanda, otra adolescente que participó de las entrevistas. Esa carencia estructural de recursos a partir de la debilidad de la trama social de crianza, se expresa en formas de narrarse a sí mismxs en las que el trabajo no aparece en los relatos como un desenlace, sino como una interrupción del proceso de crianza.
“Con frecuencia, esos jóvenes están anclados en el presente, sin capacidad de imaginarse un futuro mejor. En este marco, muchos desean ´rescatarse´, pero carecen de los recursos necesarios para poder hacerlo, debido a las tramas debilitadas en las que crecieron.”
El documento concluye que la situación reclama una política pública sostenida de reconstrucción de la inversión social: “Dar a las familias apoyo real para criar, sostener escuelas capaces de contener trayectorias educativas complejas y dotar a los barrios de espacios de socialización organizados por adultos donde los adolescentes tengan algo más que la esquina”.



