{"id":6215,"date":"2010-05-06T03:28:45","date_gmt":"2010-05-06T06:28:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/?p=6215"},"modified":"2010-05-06T03:28:45","modified_gmt":"2010-05-06T06:28:45","slug":"el-erotismo-en-el-trabajo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/el-erotismo-en-el-trabajo\/","title":{"rendered":"El erotismo en el trabajo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><em><a href=\"http:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/var\/www\/html\/notas\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/sexy-en-la-oficina.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-6216\" title=\"sexy-en-la-oficina\" src=\"http:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/var\/www\/html\/notas\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/sexy-en-la-oficina.jpg\" alt=\"\" width=\"325\" height=\"325\" srcset=\"https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/var\/www\/html\/notas\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/sexy-en-la-oficina.jpg 325w, https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/var\/www\/html\/notas\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/sexy-en-la-oficina-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/var\/www\/html\/notas\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/sexy-en-la-oficina-300x300.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 325px) 100vw, 325px\" \/><\/a>La psic\u00f3loga y sex\u00f3loga Adriana Arias, especialista en er\u00f3tica femenina, reflexiona sobre una situaci\u00f3n casi cotidiana, y que inquieta a la mayor\u00eda: el despliegue del deseo en el \u00ablaburo\u00bb. Por qu\u00e9 ocurre y c\u00f3mo devolver esos fuegos a la pareja.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es habitual encontrarnos con la pregunta sobre las causas del despliegue er\u00f3tico en el territorio laboral o profesional. \u00bfPor qu\u00e9 las trampas son frecuentes en el trabajo?, nos preguntamos. Estemos de un lado (\u00bfv\u00edctimas?) o del otro (\u00bfinfieles?), el tema siempre inquieta&#8230; El asunto de los \u00abratones\u00bb alrededor del tema es un hecho innegable, ya se trate de \u00ab\u00e9l\u00bb, nuestro var\u00f3n (y las m\u00faltiples fantas\u00edas, celos y paranoias que nos dispara su comportamiento en el laburo), o se trate de nosotras y nuestros deslices culposos con nuestros c\u00f3mplices cotidianos.\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Algunas referencias \u00aberuditas\u00bb al respecto:<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">*\u00a0 El erotismo tiene como caracter\u00edstica esencial la inclinaci\u00f3n hacia el misterio, lo no anticipable, lo no esperable, lo incierto. Se lleva p\u00e9simo con la rutina, lo estable, lo seguro. Adora la complicidad y el misterio. Se engolosina cuando le permitimos jugar con la imaginaci\u00f3n, la creatividad, lo l\u00fadico. Se lleva b\u00e1rbaro con la transgresi\u00f3n y la ruptura de mandatos y normas. Aborrece lo estructurado y lo sistem\u00e1tico. Su m\u00edstica se mueve a sus anchas en toda situaci\u00f3n donde el cortejo y la seducci\u00f3n lo habite.\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">*\u00a0 En nuestro d\u00eda a d\u00eda, el espacio de lo laboral cuenta con muchas de estas posibilidades, agregando adem\u00e1s que permite asegurar el resguardo de la intimidad, el sentido de lo propio. No nos exige exposici\u00f3n, no requiere que ocupemos m\u00e1s tiempo en la b\u00fasqueda de intensidades y nos da la confianza de estar entre pares, iguales, amigos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo llamativo es que todo aquello que desarrollamos en esta zona lo retiramos del \u00e1rea de lo privado. De hecho, nos arreglamos para ir a trabajar, nos maquillamos y perfumamos y ensanchamos nuestros mejores recursos, mientras que en casa nos aburguesamos, nos desatendemos, nos desalineamos y nos abandonamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El espacio de lo privado, de este modo, se torna rutinario y aburrido. Llegamos a casa, m\u00e1s o menos todos los d\u00edas ocurre lo mismo, no hay sorpresas, no hay misterio.\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En nuestra pareja tenemos seguridad, estructura, solidez, amor anticipado, tenemos el aval de la sociedad que nos sostiene en el formato adecuado, lo correcto, lo que est\u00e1 bien. Ocurre entonces que, en un giro argumentativo, usamos estas razones para explicar nuestra necesidad de \u00abponer afuera\u00bb nuestras mejores cosas.\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Vale entonces ampliar el interrogante:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfC\u00f3mo insertar los valores del erotismo en el espacio elegido, en la pareja de amor?\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfC\u00f3mo incluir la transgresi\u00f3n, la ruptura de lo establecido en nuestro s\u00f3lido matrimonio?\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfC\u00f3mo abrirle las puertas a nuestra abandonada seducci\u00f3n en un v\u00ednculo que se supone y se sabe y se espera cierto y eterno?\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La respuesta no es sencilla. Se hace dif\u00edcil aceptar que cuando logramos la comodidad del amor confirmado y deseamos un proyecto de vida junto al otro, la amenaza de la disociaci\u00f3n entre el amor y el erotismo se haga presente y se instale en el v\u00ednculo. Nos resistimos, una vez que nos hab\u00edamos relajado, a volver a \u00abarremangarnos\u00bb para laburar en la pareja.\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo de eso se trata. El erotismo no es lineal. No camina paso a paso hacia un final feliz. El erotismo necesita inquietarse, saberse en b\u00fasqueda, estar para no permanecer. \u00a1Qu\u00e9 complicaci\u00f3n! \u00bfNo? S\u00ed, no es f\u00e1cil. Pero, por lo pronto, algunos consejos:\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">*\u00a0 Aceptemos que el erotismo le pertenece a cada sujeto. Siempre es, ante todo, autoer\u00f3tico, y no es propiedad de la pareja.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">* No nos apoltronemos en la certeza de la pareja elegida. Toleremos la duda, juguemos con ella para atrapar la confianza cada d\u00eda, cada vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">* Descartemos al m\u00e1ximo los pudores y represiones que puedan haberse instalado en el v\u00ednculo. Esto es m\u00e1s simple de lo que pensamos. Con s\u00f3lo hacer un espejo de lo que s\u00ed podemos permitirnos en el afuera y trasladarlo a nuestra intimidad le abriremos el camino al erotismo reprimido.\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">* Y, por \u00faltimo, imaginemos a nuestro partenaire como aquel otro que puede ser deseado y estimulado er\u00f3ticamente del mismo modo que nosotros lo hacemos con otros u otros lo hacen con nosotros.\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Somos los mismos. Los mismos que al entrar en la oficina recibimos las miradas deseantes de otros. Otros que como nosotros retiraron esa mirada de su pareja. Pareja que puede ser, perfectamente, ese o esa que ahora estamos mirando con deseo.\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Por Adriana Arias, psic\u00f3loga y sex\u00f3loga <\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La psic\u00f3loga y sex\u00f3loga Adriana Arias, especialista en er\u00f3tica femenina, reflexiona sobre una situaci\u00f3n casi cotidiana, y que inquieta a la mayor\u00eda: el despliegue del deseo en el \u00ablaburo\u00bb. Por qu\u00e9 ocurre y c\u00f3mo devolver esos fuegos a la pareja. 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