{"id":138892,"date":"2025-07-11T12:06:01","date_gmt":"2025-07-11T15:06:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/?p=138892"},"modified":"2025-07-11T12:06:25","modified_gmt":"2025-07-11T15:06:25","slug":"salud-territorio-y-desigualdad-una-mirada-desde-la-medicina-social","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/salud-territorio-y-desigualdad-una-mirada-desde-la-medicina-social\/","title":{"rendered":"Salud, territorio y desigualdad: una mirada desde la medicina social"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/var\/www\/html\/notas\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/salud-articulo-desigualdad.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/var\/www\/html\/notas\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/salud-articulo-desigualdad-1024x576.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-138893\" srcset=\"https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/var\/www\/html\/notas\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/salud-articulo-desigualdad-1024x576.png 1024w, https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/var\/www\/html\/notas\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/salud-articulo-desigualdad-300x169.png 300w, https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/var\/www\/html\/notas\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/salud-articulo-desigualdad-768x432.png 768w, https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/var\/www\/html\/notas\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/salud-articulo-desigualdad-460x260.png 460w, https:\/\/www.elsindical.com.ar\/notas\/var\/www\/html\/notas\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/salud-articulo-desigualdad.png 1110w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada 12 de julio se conmemora el D\u00eda de la Medicina Social. En un contexto de creciente desigualdad y retroceso de pol\u00edticas p\u00fablicas, \u00a0dos investigadores del CONICET analizan c\u00f3mo la salud est\u00e1 determinada por el territorio, el g\u00e9nero, la clase y las condiciones de vida, y por qu\u00e9 pensarla como un derecho colectivo es, hoy, m\u00e1s urgente que nunca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Magal\u00ed de Diego (Agencia CTyS-UNLaM) &#8211;<\/strong> Durante d\u00e9cadas, Argentina forj\u00f3 una identidad sanitaria con nombres propios que se volvieron bandera: Carrillo, Favaloro, Grierson. Pero tambi\u00e9n con pol\u00edticas p\u00fablicas que tejieron un entramado social: vacunaci\u00f3n gratuita, hospitales abiertos, atenci\u00f3n primaria en el territorio. Esa tradici\u00f3n -construida a fuerza de convicci\u00f3n, presupuesto y justicia social- hoy enfrenta un escenario donde el \u201cs\u00e1lvese quien pueda\u201d gana terreno. Y ah\u00ed, la medicina social no solo resiste: se vuelve m\u00e1s urgente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cPensar la salud como un hecho individual, como si fuera una cuesti\u00f3n de esfuerzo personal, no alcanza. Hay condiciones estructurales que exceden cualquier m\u00e9rito\u201d, afirma a la Agencia CTyS-UNLaM Mat\u00edas Ballesteros, investigador del CONICET y doctor en ciencias sociales. Su trabajo se centra en la relaci\u00f3n entre salud y desigualdad, bajo un enfoque que entiende el proceso salud-enfermedad-atenci\u00f3n-cuidado como una instancia atravesada por m\u00faltiples ejes: clase, g\u00e9nero, edad, y c\u00f3mo estas variables se combinan y profundizan entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En sinton\u00eda, la tambi\u00e9n investigadora del CONICET Natalia Tumas sostiene que \u201cla salud se determina en gran parte fuera del sistema sanitario\u201d. Y detalla: \u201cVivienda, alimentaci\u00f3n, educaci\u00f3n, trabajo, g\u00e9nero\u2026 todo eso antecede y excede la atenci\u00f3n que se pueda brindar en un consultorio\u201d. Para Tumas, doctora en Demograf\u00eda, el enfoque de la medicina social propone mirar m\u00e1s all\u00e1 del s\u00edntoma y del tratamiento, propone mirar las condiciones de vida de la gente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ambos advierten que, lejos de tratarse de un problema del pasado, la desigualdad sanitaria se agrava. \u201cDurante la pandemia hubo hogares con restricciones en el acceso al agua. \u00bfQu\u00e9 posibilidad real de cuidado puede tener una persona en esas condiciones?\u201d, reflexiona Ballesteros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Junto a su equipo, por ejemplo, analiz\u00f3 durante el 2025 datos sobre el consumo de bebidas azucaradas en Argentina y encontr\u00f3 que quienes no tienen agua de red dentro del hogar consumen m\u00e1s gaseosas, incluso entre sectores pobres. \u201cAh\u00ed se ve claramente c\u00f3mo las pol\u00edticas p\u00fablicas -en este caso el acceso al agua- inciden en la salud\u201d, subraya.<br>Tumas coincide en esa mirada. &nbsp;\u201cHay una estratificaci\u00f3n territorial de la salud. No es lo mismo vivir en un barrio c\u00e9ntrico con m\u00faltiples servicios que en una zona perif\u00e9rica. Y eso condiciona desde el acceso hasta la percepci\u00f3n del riesgo\u201d, desmenuza, en di\u00e1logo con la Agencia CTyS-UNLaM.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una de las frases m\u00e1s citadas en los debates sobre determinantes sociales de la salud dice que \u201cimporta m\u00e1s el c\u00f3digo postal que el c\u00f3digo gen\u00e9tico\u201d. Tumas la retoma y la ejemplifica: \u201cUna mujer con empleo informal, en un barrio sociosegregado, sin redes de apoyo, con hijos a cargo, dif\u00edcilmente pueda ir a un control. Incluso &nbsp;aunque el centro de salud sea gratuito y est\u00e9 relativamente cerca. La inequidad se expresa en las posibilidades mismas de priorizar la salud\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><strong>Las pol\u00edticas que no parecen de salud, pero lo son<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cHay dos niveles de pol\u00edticas sanitarias -explica Ballesteros-, las del sistema de salud en s\u00ed, y las que, sin ser sanitarias, impactan directamente en la salud. Ah\u00ed entran las alimentarias, las habitacionales, las educativas\u201d. Por eso, reducir el rol del Estado en cualquiera de esas \u00e1reas termina afectando la salud de las poblaciones.<br>Las campa\u00f1as que promueven estilos de vida saludables, aunque bien intencionadas, pueden volverse estigmatizantes si no contemplan las condiciones materiales de vida. \u201cDecirle a alguien que coma sano o que vaya al m\u00e9dico es cruel si no tiene los medios para hacerlo\u201d, se\u00f1ala Tumas. La salud, en ese marco, deja de ser una decisi\u00f3n individual y pasa a ser una cuesti\u00f3n estructural.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cNo hay una pastilla que alg\u00fan m\u00e9dico pueda dar y curar todo esto. Son problemas estructurales y requieren respuestas estructurales. No alcanza con el discurso de derechos si no hay presupuesto para sostenerlos\u201d, refuerza la investigadora del CONICET.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sistema sanitario argentino, fragmentado y con m\u00faltiples niveles de gesti\u00f3n, requiere una presencia activa del Estado nacional para equilibrar asimetr\u00edas. \u201cCuando Naci\u00f3n recorta en programas como el Remediar, que garantizaban medicamentos gratuitos en los centros de salud, son las provincias o los municipios los que deben responder. Y muchas veces no pueden\u201d, explica Ballesteros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este sentido la conclusi\u00f3n de ambos es clara: la soluci\u00f3n pasa por una mirada integral. \u201cHay que pensar en salud desde el transporte, la urbanizaci\u00f3n, la educaci\u00f3n, el cuidado. Si el Estado se retira, la equidad desaparece. En Argentina hemos tenido muchos casos de \u00e9xito en este sentido: las pol\u00edticas p\u00fablicas universales, como las que impuls\u00f3 Ram\u00f3n Carrillo en los a\u00f1os \u201840 y \u201850, fueron clave para compensar desigualdades estructurales. Si hoy se desmantelan, se corre el riesgo de profundizar esas brechas y volverlas m\u00e1s dif\u00edciles de cerrar\u201d, reflexiona Tumas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Para leer la nota completa y otros art\u00edculos como este, pod\u00e9s ingresar a <a href=\"http:\/\/Magal\u00ed de Diego (Agencia CTyS-UNLaM) - Durante d\u00e9cadas, Argentina forj\u00f3 una identidad sanitaria con nombres propios que se volvieron bandera: Carrillo, Favaloro, Grierson. Pero tambi\u00e9n con pol\u00edticas p\u00fablicas que tejieron un entramado social: vacunaci\u00f3n gratuita, hospitales abiertos, atenci\u00f3n primaria en el territorio. Esa tradici\u00f3n -construida a fuerza de convicci\u00f3n, presupuesto y justicia social- hoy enfrenta un escenario donde el \u201cs\u00e1lvese quien pueda\u201d gana terreno. Y ah\u00ed, la medicina social no solo resiste: se vuelve m\u00e1s urgente.  \u201cPensar la salud como un hecho individual, como si fuera una cuesti\u00f3n de esfuerzo personal, no alcanza. Hay condiciones estructurales que exceden cualquier m\u00e9rito\u201d, afirma a la Agencia CTyS-UNLaM Mat\u00edas Ballesteros, investigador del CONICET y doctor en ciencias sociales. Su trabajo se centra en la relaci\u00f3n entre salud y desigualdad, bajo un enfoque que entiende el proceso salud-enfermedad-atenci\u00f3n-cuidado como una instancia atravesada por m\u00faltiples ejes: clase, g\u00e9nero, edad, y c\u00f3mo estas variables se combinan y profundizan entre s\u00ed.  En sinton\u00eda, la tambi\u00e9n investigadora del CONICET Natalia Tumas sostiene que \u201cla salud se determina en gran parte fuera del sistema sanitario\u201d. Y detalla: \u201cVivienda, alimentaci\u00f3n, educaci\u00f3n, trabajo, g\u00e9nero\u2026 todo eso antecede y excede la atenci\u00f3n que se pueda brindar en un consultorio\u201d. Para Tumas, doctora en Demograf\u00eda, el enfoque de la medicina social propone mirar m\u00e1s all\u00e1 del s\u00edntoma y del tratamiento, propone mirar las condiciones de vida de la gente.  Ambos advierten que, lejos de tratarse de un problema del pasado, la desigualdad sanitaria se agrava. \u201cDurante la pandemia hubo hogares con restricciones en el acceso al agua. \u00bfQu\u00e9 posibilidad real de cuidado puede tener una persona en esas condiciones?\u201d, reflexiona Ballesteros.  Junto a su equipo, por ejemplo, analiz\u00f3 durante el 2025 datos sobre el consumo de bebidas azucaradas en Argentina y encontr\u00f3 que quienes no tienen agua de red dentro del hogar consumen m\u00e1s gaseosas, incluso entre sectores pobres. \u201cAh\u00ed se ve claramente c\u00f3mo las pol\u00edticas p\u00fablicas -en este caso el acceso al agua- inciden en la salud\u201d, subraya. Tumas coincide en esa mirada.  \u201cHay una estratificaci\u00f3n territorial de la salud. No es lo mismo vivir en un barrio c\u00e9ntrico con m\u00faltiples servicios que en una zona perif\u00e9rica. Y eso condiciona desde el acceso hasta la percepci\u00f3n del riesgo\u201d, desmenuza, en di\u00e1logo con la Agencia CTyS-UNLaM.  Una de las frases m\u00e1s citadas en los debates sobre determinantes sociales de la salud dice que \u201cimporta m\u00e1s el c\u00f3digo postal que el c\u00f3digo gen\u00e9tico\u201d. Tumas la retoma y la ejemplifica: \u201cUna mujer con empleo informal, en un barrio sociosegregado, sin redes de apoyo, con hijos a cargo, dif\u00edcilmente pueda ir a un control. Incluso  aunque el centro de salud sea gratuito y est\u00e9 relativamente cerca. La inequidad se expresa en las posibilidades mismas de priorizar la salud\u201d.   Las pol\u00edticas que no parecen de salud, pero lo son  \u201cHay dos niveles de pol\u00edticas sanitarias -explica Ballesteros-, las del sistema de salud en s\u00ed, y las que, sin ser sanitarias, impactan directamente en la salud. Ah\u00ed entran las alimentarias, las habitacionales, las educativas\u201d. Por eso, reducir el rol del Estado en cualquiera de esas \u00e1reas termina afectando la salud de las poblaciones. Las campa\u00f1as que promueven estilos de vida saludables, aunque bien intencionadas, pueden volverse estigmatizantes si no contemplan las condiciones materiales de vida. \u201cDecirle a alguien que coma sano o que vaya al m\u00e9dico es cruel si no tiene los medios para hacerlo\u201d, se\u00f1ala Tumas. La salud, en ese marco, deja de ser una decisi\u00f3n individual y pasa a ser una cuesti\u00f3n estructural.  \u201cNo hay una pastilla que alg\u00fan m\u00e9dico pueda dar y curar todo esto. Son problemas estructurales y requieren respuestas estructurales. No alcanza con el discurso de derechos si no hay presupuesto para sostenerlos\u201d, refuerza la investigadora del CONICET.  El sistema sanitario argentino, fragmentado y con m\u00faltiples niveles de gesti\u00f3n, requiere una presencia activa del Estado nacional para equilibrar asimetr\u00edas. \u201cCuando Naci\u00f3n recorta en programas como el Remediar, que garantizaban medicamentos gratuitos en los centros de salud, son las provincias o los municipios los que deben responder. Y muchas veces no pueden\u201d, explica Ballesteros.  En este sentido la conclusi\u00f3n de ambos es clara: la soluci\u00f3n pasa por una mirada integral. \u201cHay que pensar en salud desde el transporte, la urbanizaci\u00f3n, la educaci\u00f3n, el cuidado. Si el Estado se retira, la equidad desaparece. En Argentina hemos tenido muchos casos de \u00e9xito en este sentido: las pol\u00edticas p\u00fablicas universales, como las que impuls\u00f3 Ram\u00f3n Carrillo en los a\u00f1os \u201840 y \u201850, fueron clave para compensar desigualdades estructurales. 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