Una multitud marchó para pedir justicia por el femicidio de Anahí Benítez

“¡Anahí no murió, la mataron, no decidió morir! ¡La mataron porque salió a caminar!”, gritó una mujer que se acercó a la ronda que se formó frente al Congreso. Rompió el silencio que Nacho, el vicepresidente del centro de estudiantes de la Escuela Normal Arturo Mentruyt de Banfield, hacía luego de cada frase que decía, con nudos en la garganta, al micrófono. La multitud, que se había movilizado desde la intersección de la 9 de julio y Avenida de Mayo, escuchó atenta. Lloró, gritó y marchó por Anahí Benítez y para que no aparezcan más pibas muertas.

Durante el trayecto, el colectivo de los alumnos, padres y profesores del ENAM que lideraban la masa de gente se detuvo muchas veces en un mutismo sofocante y estremecedor. ¡Anahí, presente, ahora y siempre!, bramaban y seguían marchando. Sus pares del Instituto Lomas acompañaban a la cabeza y otras agrupaciones estudiantiles de Lomas de Zamora junto con organizaciones de izquierda, seguían la columna.

“Estamos pendientes todo el tiempo de que ninguno que se levante cruzado te haga algo. Evitamos zonas oscuras o peligrosas, avisamos a dónde vamos o con quien estamos. Esto no fue así. Anahí salió a las 5 de la tarde al parque de Lomas y no volvió”, contó Zoe, amiga de Anahí que sostenía la bandera que pedía por justicia.

Lloraba, sus amigas también, y quiso seguir hablando: “Solo queda luchar por ella, y para que esto no pase más. Y hay que hacerlo, aunque intenten mostrar el lado malo, que las mujeres somos unas violentas y que rompen todo. No te muestran por qué estamos enojadas, no muestran la bronca que te da saber que Ana no volvió a su casa”.

El llanto se repetía entre los jóvenes de la escuela de Banfield, intermitente pero constante, y con mucha angustia. La familia de la adolescente lomense, no asistió a la movilización por su desaparición y asesinato. Sin embargo, acompañaron familiares de otras víctimas que se sumaron al reclamo: pisaron fuerte la segunda desaparición de Nadia Rojas y el femicidio de Luna Ortiz.

Los trabajadores de Pepsico, que al pasar el gentío se unieron a la lucha, prestaron un micrófono para que los representantes estudiantiles sinteticen el dolor y el pedido de justicia. Sofía, la presidenta del centro del ENAM, exigió que “si el Estado hubiera escuchado los reclamos por la falta de seguridad en Santa Catalina y las denuncias de ese lunes reciente a su desaparición, si hubieran accionado a tiempo, Anahí seguiría viva”.

“Fue muy difícil cambiar el carácter de esta marcha y pedir justicia en vez de pedir su aparción con vida e inmediata. Nadie está actuando por nosotras y nos siguen matando. No vamos a dejar que esto siga pasando. Por Anahí y por todas las que faltan, nosotros mismos vamos a romper todo hasta que nos escuchen”, demandó.

José Luis Leone, el presidente de la institución, recordó otro episodio que sufrió la escuela hace dos meses en el que la policía entró a la fuerza en el edificio persiguiendo a dos chicos. “Si la misma policía estuviera haciendo lo que tiene que hacer no hubiéramos llegado a esta situación”, denunció y agregó: “Ojalá que todo este dolor que sentimos sirva para penetrar en todos los lugares que tiene que estar”.

Además, en diálogo con la prensa, negó que desde el colegio pudieran “aportar algún dato significativo” a la investigación del profesor de matemáticas detenido por sospechas. También aseguró que se está trabajando para que los alumnos y personas cercanas a la víctima tengan el apoyo psicológico necesario. Negó algún acercamiento del municipio, de Martín Insaurralde, o de algún otro funcionario local.

La manifestación culminó pasadas las 17 horas. Terminó como transcurrió: en una foto de un momento congelado en el tiempo, lleno de abrazos y llantos ahogados. De gritos agudos colgados entre el silencio. De voces jóvenes pidiendo justicia, por otra que falta. “Anahí sos arte, y el arte nunca muere”, decía un cartel.

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