Un veterinario fue procesado por comercializar ilegalmente desde principios de este año más de 14 mil dosis de ketamina, un anestésico para animales que se suministra bajo receta, parte de las cuales eran procesadas como droga y vendidas en locales bailables de esta ciudad. La medida fue dictada por el Juez federal Norberto Oyarbide contra el dueño de un centro veterinario de esta capital donde se hallaron comprobantes de compras de 14.370 dosis de la sustancia pero ninguna receta ni documentación que avalara la venta de la sustancia.

La causa se inició el 28 de julio pasado cuando un joven fue detenido por personal de la División Precursores Químicos de la Policía Federal en un boliche vendiendo droga que luego pericias determinaron que era ketamina 50, tras lo cual se ordenó un allanamiento en su domicilio, donde se secuestraron 627 pastillas y 45 frascos de esa droga y tres plantines de marihuana.

El juez Oyarbide, con la intervención del secretario Jorge García Davini, rastreó la ruta de la comercialización de la droga y llegó hasta el laboratorio encargado de producir la ketamina secuestrada. El laboratorio y otras cuatro compañías fueron allanadas y se detectó que de manera legal le vendieron al veterinario las 14.370 dosis de ketamina.

Sin embargo, en el centro veterinario, ubicado en la avenida Nazca al 3500 de esta ciudad, no se encontró ninguna receta ni documento que avalaran el destino que tuvo la droga, excepto en tres casos en los que se hallaron registros.

Oyarbide señaló que para utilizar la cantidad de ketamina secuestrada “habrían hecho falta intervenir cientos de miles de animales de enero a julio”, lo que no quedó asentado en ningún registro de la veterinaria. “Los sistemáticos incumplimientos de la normativa vigente, que impiden conocer certeramente el destino otorgado al estupefaciente, sumado a la excesiva adquisición del producto, permiten sostener sin hesitación que la entrega que haya realizado el imputado de la sustancia faltante tenía un destino ilegítimo”, sostuvo el magistrado en su resolución.

La ketamina es un anestésico líquido que se le suministra a los animales y que “deprime la tálamo-corteza y estimula la zona límbica del cerebro, produciendo un estado cataléptico con hipertonía muscular y analgesia somática”, según el prospecto de la sustancia.

El líquido es convertido, a través de un proceso de “baño maría”, a un polvillo que es fraccionado para luego venderse como droga. El veterinario, de 44 años, fue procesado por el delito de entrega de estupefacientes con destino ilegítimo, que tiene una pena de dos a seis años de prisión e inhabilitación para ejercer la profesión de uno a cinco años, y se le trabó un embargo de 2.500.000 pesos.

El profesional estaba preso desde el 31 de agosto pasado cuando fue allanado su centro de atención, pero ayer fue excarcelado luego de que el juez consideró que en libertad no entorpecerá la investigación ni se fugará.

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