Finalmente los trabajadores de la Editorial Colihue SRL, quien tiene como socio-gerente y dueño a Aurelio Benito Ramón Narvaja, levantaron la toma pacífica del local de la calle Av.Díaz Vélez 5125 del barrio de Villa Crespo, sin que se registraran incidentes o daños.

Esta historia tiene varios meses de amenazas y promesas de castigo, más exactamente desde el momento en que los empleados de la editorial votaron un delegado, ya que la empresa no poseía representante gremial. Este ejercicio constitucional de los trabajadores fue mal visto por Aurelio, quien acostumbrado al maltrato laboral y psicológico (él es psicólogo) que conoce muy bien.

En su mente comenzó a ver en aquellos empleados que buscaban un cambio en el ambiente de trabajo enemigos para sus intereses. Así, todo recurso para “castigar” a esos empleados y usarlos de ejemplo para atemorizar a los demás fue bueno.

Pero como pasa siempre, para que esto funcione siempre se necesita de empleados aliados (alcahuetes) y en eso supo hacer bien las cosas Aurelio para dividir.

Denunció, amenazó, agredió y hasta intimó con demandar a los empleados que se expresaran sobre su persona y la disputa laboral, llegando a cuestionar comentarios en sitios como Facebook, curiosa actitud de un auto definido miembro de “Carta Abierta” y militante de un gobierno progresista como el kirchnerista.

A tal extremo llegaron los hechos en su “batalla” contra esos empleados desagradecidos, que se valió de todo para presionarlos o agredirlos físicamente como se aprecia a su hijo mordiendo el brazo de una mujer y luego de uno de los muchachos despedidos, algo realmente increíble y que bien puede habilitar una denuncia por lesiones de parte de los empleados agredidos.

Poco y nada fue la actividad del Ministerio de Trabajo de La Nación, ya que si bien reconoció el derecho de los trabajadores a continuar trabajando y a negociar entre las partes, la patronal representada por Aurelio no solo no negocio, no cumplió con lo dispuesto por el ministerio de trabajo sin recibir ningún tipo de intimación o sanción.

Aurelio Narvaja representa todo lo detestable en un empresario explotador, incluso su intención de no pagar los sueldos adeudados obedece más a un capricho y a un ánimo de maldad que a una verdadera situación de insolvencia. El valor de dos de sus caballos puestos a la venta sobra para pagar lo que se le reclama.

Así, hoy ante la inminente orden de desalojo por la denuncia de usurpación que Aurelio presentara contra los trabajadores para tener un elemento más a su favor, los trabajadores, con bronca y dolor se retiraron demostrando que el único violento y que no cumple con la ley es él mismo.

La soberbia y la impunidad con la que se manejan este tipo de personajes es egoísta y limitada, ya que si bien a ellos no les importan las marchas, los escraches o los reclamos, desde hoy, sus familiares, vecinos e hijos, sabrán de que calaña es este hombre que vive en la calle Eduardo Acevedo al 300 del barrio de Caballito.

Nuestro consejo es que los lectores traten de no comprar productos de la Editorial Colihue como acto de repudio a sujetos que dejan a trabajadores sin empleo y sin el dinero que les corresponde, además de imputarlos en causas penales como la usurpación para tener un elemento más de presión a la hora de negociar.

Una vergüenza señor Aurelio su actitud y sus actos. (Fotos de las agresiones de Narvaja e hijo a los empleados, mordedura incluida)

Por Marcelo Ricardo Hawrylciw