La OIT pidió regular el trabajo en economías de plataforma como Uber o Rappi

El trabajo a partir del funcionamiento de diferentes apps es tendencia en muchas partes del mundo.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) recomendó establecer garantías de protección social, de ingresos mínimos y de mayor «soberanía» sobre el tiempo para todas las personas que trabajan, incluyendo el empleo en las llamadas economías de plataforma, como los servicios de transporte y delivery, y advirtió que las tareas en ese ámbito podrían recrear «prácticas laborales que se remontan al siglo XIX y futuras generaciones de «jornaleros digitales».

Las expresiones sobre el tema están volcadas en el informe titulado «Trabajar para un futuro más prometedor», que elaboró la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, conformada hace un año y medio con la misión de analizar los aspectos del empleo y de las relaciones laborales de los próximos años, en el marco de las celebraciones del centenario de la OIT, el organismo de Naciones Unidas dedicado a los temas del mundo laboral nació en 1919, tras el fin de la primera guerra mundial, bajo la idea de que la generación de trabajo digno era condición para la paz.

El informe fue presentado en la sede central del organismo por Cyril Ramaphosa, presidente de Sudáfrica y el director general de la OIT, Guy Ryder. Ramaphosa compartió la presidencia de la comisión especial con Stefan Löfven, el primer ministro sueco recientemente reelecto en su cargo, que envió un mensaje grabado. 

Los más de 20 expertos que suscribieron el documento no incluyeron entre las recomendaciones la instrumentación de un ingreso universal a cargo de los estados, una de las políticas debatidas en los últimos años como una vía para enfrentar o aliviar las consecuencias que podría traer sobre el número de puestos laborales la robotización o el avance del uso de la inteligencia artificial.

El salario universal sin condicionantes tuvo una prueba piloto en Finlandia, y durante 2018 se tomó la decisión de no darle continuidad desde este año, mientras se está a la espera de las conclusiones finales del experimento: se compararán los comportamientos de las personas que recibieron ese ingreso con los de quienes estuvieron al margen y ofician, por tanto, como grupo de control.

Desde la OIT sí se hizo hincapié, en cambio, en la necesidad de que existan sistemas de protección social que se extiendan durante toda la vida de una persona. Y se advierte que el tema adquiere especial relevancia no solo por el riesgo de mayor desempleo (que se derivaría, según se consigna, de la falta de coordinación entre las competencias que tienen hoy muchos trabajadores y las que se necesitan para cumplir tareas en un mundo que está en proceso acelerado de cambio), sino también por las nuevas formas que adopta el trabajo y por la persistencia de una alta tasa de informalidad en muchas partes del mundo. 

Sobre las consecuencias de las tecnologías y los cambios demográficos y ambientales sobre el empleo, no se presentaron nuevas estimaciones. El informe menciona trabajos ya existentes, como el cálculo del propio organismo que indica que la aplicación delAcuerdo de París para enfrentar los efectos del cambio climático provocará, en el mundo, la pérdida de seis millones de puestos de trabajo pero, a la vez, la generación de otros 24 millones de empleos.

Con respecto a las nuevas modalidades, el escrito hace un llamado a garantizar «la dignidad de las personas que trabajan ‘por llamada’, de manera que tengan opciones de flexibilidad y control sobre sus horarios».

Rebeca Grynspan, integrante de la comisión y secretaria general de la Conferencia Iberoamericana, precisó en diálogo con LA NACION que es necesaria una regulación para las economías de plataforma. El trabajo consigna que uno de los ejes en los que es necesaria una reglamentación es en el establecimiento de un número mínimo «de horas garantizadas y previsibles». También se hace referencia a fijar una remuneración por tiempo de espera para compensar los períodos en los que los trabajadores por hora están ‘de guardia'».

Más allá de cuál sea el tipo de vínculo laboral, el informe de la OIT (cuyo primer convenio, un siglo atrás, se refirió a la duración de las jornadas) recomienda la instrumentación de una «garantía laboral universal», independientemente de si se trata de quien tiene un trabajo de tiempo completo, de quien hace «microtareas en línea» o de quien está en una relación temporal.

En algunos casos, se afirma, hace falta aclarar las responsabilidades. Pero siempre, se agrega, se deberían contemplar los derechos de libertad sindical, de representación en negociaciones colectivas, de no ser sometido a trabajo forzoso, infantil o a discriminación, y las garantías de un salario vital, de horas de trabajo limitadas y de condiciones de seguridad e higiene.

El concepto adoptado con respecto a las jornadas, el de la «soberanía sobre el tiempo» es un llamado a la reflexión sobre el uso de los medios que hoy permiten la comunicación entre trabajadores y el desarrollo de determinadas tareas (en cuanto a sus aspectos técnicos) en forma casi permanente. Una política concreta mencionada es la de establecer, por parte de los estados, «el derecho a la desconexión digital».

Según expresó Ramaphosa, se trata de generar acuerdos para que las personas puedan tener una mayor autonomía en cuanto al manejo de sus tiempos y, la vez, para que las empresas vean que sus requerimientos son respondidos.

La necesidad de la reflexión sobre los tiempos del trabajo se da en un marco de grandes desafíos. Entre ellos, el de mejorar la productividad y los ingresos en un mundo que en los últimos años amplió en general sus desigualdades sociales, y el de adoptar modalidades para un aprendizaje permanente (planteado de tal manera en el informe de la OIT) ante incógnitas inquietantes: cuáles serán, exactamente, los empleos del futuro y cuánto de ese llamado futuro, en realidad, ya es presente.

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