La Corte bonaerense ordenó reabrir la investigación por la «masacre de Wilde»

masacre-de-WildeLa Suprema Corte de Justicia informó que se debe «procurar la identificación y sanción de los responsables del hecho”, cometido en 1994, donde tres inocentes murieron y otro resulto herido en manos de la policía.

La Justicia ordenó reabrir la investigación de la denominada “masacre de Wilde”, en la que cuatro personas fueron asesinadas por policías el 10 de enero de 1994.

El máximo tribunal provincial dejó sin efecto los sobreseimientos que beneficiaban a dos efectivos y ordenó “que se lleven a cabo comprobaciones necesarias para procurar la identificación y sanción de los responsables del hecho” cometido hace 19 años.

Según se informó oficialmente, la Suprema Corte de Justicia de la Provincia, con votos de los jueces Héctor Negri, Daniel Fernando Soria, Juan Carlos Hitters e Hilda Kogan, revocó la conversión en definitivos de los sobreseimientos dictados a favor de dos imputados en esa causa.

La denominada “masacre de Wilde” se produjo el 10 de enero de 1994, cuando un grupo de policías de Lanús disparó más de 200 tiros sobre dos autos al confundir a sus integrantes con delincuentes, muriendo el remisero Norberto Corbo y sus pasajeros Héctor Bielsa y Gustavo Mendoza, mientras que también recibió siete tiros el librero Edgardo Cicutín.

Eran poco más de las 10 de la noche del lunes 10 de enero de 1994 cuando Claudio Díaz salió de la comisaría donde lo habían retenido durante toda la tarde y se preguntó si lo que tenía delante era o no parte de su vida. Tenía 35 años, su coche estaba repleto de agujeros de balas disparadas por la Policía y su compañero de trabajo había muerto . Quizás no lo supiera entonces pero, en un episodio casi simultáneo, integrantes de la misma brigada policial habían baleado a otros 3 hombres que murieron en el acto. El era el único sobreviviente  de una jornada que se conocería, a partir de entonces, como la masacre de Wilde .

“Yo lo único que odio es la verdad mentirosa”, dice Díaz, dieciséis años y medio después de aquel día. Durante todos estos años mantuvo el mismo trabajo –vendedor y viajante de una editorial de libros escolares–, se separó de la mujer con la que estaba casado y con la que tiene tres hijas, se radicó durante un tiempo en Mendoza y luego volvió a Buenos Aires. “La verdad es que a partir de entonces cambiaron miles de cosas, tenía ganas de escaparme , tenía ganas de no estar”.

Durante ese mismo período, la Justicia sobreseyó a los 10 policías imputados  en la causa y responsabilizó al cabo Marcos Rodríguez como el único autor de los once disparos que mataron a su compañero Edgardo Cicutín ese 10 de enero de 1994. Curiosamente, Rodríguez se fugó de la comisaría donde estaba detenido al día siguiente de la matanza y hasta hoy continúa prófugo. “Hay un dicho que dice que muerto el perro, muerta la rabia. ¿Pero acá, dónde está el perro?”, razona Díaz, sin soslayar el sarcasmo.

El saldo de la investigación judicial por esas cuatro muertes ocurridas hace más de 16 años es desolador . Los otros diez policías de la Brigada de Investigaciones de Lanús que participaron de los operativos de ese día fueron sobreseídos en 1999 y sus causas ya prescribieron. Sin embargo, una sentencia de la Suprema Corte provincial acaba de revocar el sobreseimiento de dos de ellos y ha exigido al Tribunal de Lomas de Zamora que dicte una nueva sentencia “conforme a derecho”, lo que finalmente allana el camino para un posible juicio oral. Los dos policías en cuestión son Julio César Gatto y Pablo Dudek. Una pericia realizada en 1999 señaló que también ellos –y no sólo el oficial prófugo– dispararon contra el auto en el que viajaban los libreros Cicutín y Díaz. “ Me jode hablar del tema , yo encajoné todo porque si revuelvo me saca del contexto de vida, mi mundo no quiere ocuparse de esto, pero creo que para superarlo me gustaría que alguien dijera: Esto pasó por tal y tal cosa ”, dice Díaz.

El día que sucedió la masacre de Wilde, los policías de la Brigada de Lanús buscaban (por motivos que nunca quedaron del todo claros, aunque se ha hablado de un ajuste de cuentas hacia delincuentes que trabajaban de informantes) a un grupo de personas que había salido de Santos Lugares en dos autos, un Peugeot 505 y un Dodge 1500 amarillo. En el 505 viajaban Héctor Bielsa, Gustavo Mendoza (ambos con antecedentes penales y vínculos probados con la Brigada de Lanús) y el remisero Norberto Corbo. Cerca de Parque Domínico los interceptaron 5 autos particulares con agentes vestidos de civil. La Policía dice que desde el interior del auto les dispararon, pero no existe ninguna prueba de ello. Los pasajeros del 505, según las autopsias a los cuerpos y las pericias realizadas al auto, recibieron más de 200 disparos . Los tres fallecieron en el acto.

El operativo continuó con la orden de que se buscara al Dodge  –con tres hombres a bordo– que acompañaba al Peugeot. “Al parecer, el auto que le hacía la cobertura al 505 era igual al mío, lo único que cambiaba era que al mío tenía unos barrales en el techo y que íbamos dos personas, no tres, lo que por cierto era una diferencia grande ”, recuerda Díaz.

Ese mediodía, Díaz y Cicutín habían salido en su Dodge 1500, con el baúl lleno de libros , rumbo a Berazategui. Al llegar a Parque Domínico, los detuvo un embotellamiento. Unas cuadras más adelante, la Policía acababa de acribillar al 505 y estaban desviando el tránsito. Díaz dobló junto a otros autos, pero pocos metros después comenzó a oír disparos . Aceleró la marcha, pero los disparos lo seguían. “A las dos cuadras le dije a Edgardo: Gordo, nos están tirando a nosotros . Pero no sabíamos quiénes, ni siquiera llevaban sirenas”. Los autos de la Policía no tenían ninguna identificación y nunca encendieron las sirenas. Díaz intentó huir hasta que “ el coche dejó de rodar por las cubiertas rotas  y ahí nos quedamos”.

Antes de bajar del auto, Claudio Díaz miró hacia el lado del acompañante y vio por última vez a Cicutín con vida. “Salí y me encontré a todos los tipos armados, de civil, en abanico. Nos gritaban que nos tiremos al piso. Yo me tiro primero, me ponen un arma en la cabeza y alguien me apoya las rodillas en la espalda.

Me preguntaban dónde están los fierros  y yo les grité que el único fierro que tenía era una lapicera, que yo vendía libros”.

Lo siguiente que oyó fue una ráfaga de diez tiros , los que mataron a su compañero, y una voz que intentaba calmar al policía que disparaba. “Le decía: ¡Pará loco, pará que ya está controlado! ”, recuerda Díaz. Después, mientras lo subían esposado a un auto, alcanzó a escuchar las quejas de su compañero y un policía que le decía: “Aguantá, Gordito, aguantá que ya viene la ambulancia”.

“Yo creo que se dieron cuenta del error al instante, lo firmo, sabían que era un moco ”, afirma Díaz. El otro Dodge 1500, prácticamente idéntico, había sido detenido por la Policía a unas cuadras de donde mataron a Cicutín y casi al mismo tiempo. El error que le costó la vida al librero probablemente les salvó la vida a esos tres hombres que supuestamente acompañaban a los pasajeros del 505. “Yo pienso que había que callar gente  y nosotros estuvimos justo en el lugar y momento equivocado. Pero lo que pasó no fue una casualidad, fue una causalidad y hay una verdad que debería saberse. Yo quiero saber, por ejemplo, por qué la Policía iba a matar a esos tipos que tenían un auto igual al mío”.

La noche del 10 de enero de 1994, cuando finalmente le dijeron que estaba libre y que todo había sido un error, Díaz tuvo que ir a buscar la agenda que había quedado en el auto. Ahí vio por primera vez, uno al lado del otro, a los autos gemelos. Mientras observaba con incredulidad el suyo, con las lunetas rotas y agujeros de bala que atravesaban por todas partes la chapa amarilla, oyó por primera vez eso que no parece consolar del todo a este hombre de piel oscura, tono sereno y 51 años.

“Claudio, te salvaste de milagro” , le decía alguien.

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