Hay 500 arrebatadores operando en Capital Federal

Pintó el arrebato, guacho”. La frase, estampada con aerosol, puede leerse en el barrio de Constitución. Y de alguna manera alerta sobre la modalidad delictiva que hace estragos en las calles de la Ciudad de Buenos Aires y que tiene a las carteras, celulares, relojes, billeteras y cadenitas como esos oscuros objetos del deseo para unos 500 delincuentes que “trabajan” sin descanso, apuntando principalmente a los usuarios de medios de transporte, como el tren, el subterráneo y los colectivos.

Pero eso no es todo. Los análisis de esta modalidad delictiva sostienen que una persona se convierte en víctima en apenas siete segundos. “Los malvivientes necesitan ese tiempo para identificar a su presa, con eso les alcanza para determinar si la persona no tiene las defensas en alerta. Sacar un celular en el andén para mandar un mensajito, revisar la billetera en la calle, tomar una foto en la vía pública, prefiguran un arrebato. Por eso es clave la autopreservación urbana”, dijo a DIARIO POPULAR el licenciado en Seguridad Pública, Luis Vicat.

Las cifras sobre la cantidad de arrebatadores en territorio porteño provienen de diversas fuentes. Desde la Policía Federal, admiten que las detenciones son muchas, aún más desde que se viene reforzando la cantidad de efectivos en zonas de mucha concentración de personas, sin embargo explican que los delincuentes al poco tiempo vuelven a “operar”.

El problema, dijo un vocero judicial del fuero de instrucción, es que el delito que se le puede atribuir a un arrebatador es hurto, o como mucho si ejerció la violencia el robo calificado, que representa penas no muy grandes. Así, cuando se produce la aprehensión, el sujeto recupera la libertad en poco tiempo. “Ojo, sirve igual ficharlo, porque sus antecedentes van a aparecer si es detenido nuevamente, y ahí difícilmente logre una excarcelación”, explicó la fuente.

Vicat reveló que “los arrebatadores son unos 500, si contamos exclusivamente los que se desempeñan en la Ciudad de Buenos Aires”, agregando que “se está observando una mutación alarmante en este tipo de delito, ya que muchos de los delincuentes apuntan a sacar de combate a la víctima, con empujones o golpes, y eso puede terminar en tragedias”.

Asimismo, está el problema de la escasa tasa de denuncias para los robos o hurtos de este tipo. “Es muy difícil que se denuncie, la gente que resulta victimizada sigue su camino, salvo que haya perdido los documentos de identidad, papeles importantes o tarjetas de crédito”, dijo Vicat.

En el argot tumbero, aquellos que ponen en peligro sus vidas -y obviamente la de sus víctimas- al delinquir se definen como “barderos”. Es una clara diferencia del “apretador”, es decir, aquel que se vale de un arma de fuego o blanca para “meter miedo”. El bardero se especializa en detectar la “presa”, calcular sus puntos débiles en segundos y aprovechar su velocidad.

Un rostro de este fenómeno es que muchos de estos delincuentes son contratados por grupos mayores, organizados, dedicados a reducir la mercadería robada. Aquí, también, juega un rol clave el ciudadano común, que compra objetos cuyo origen sabe que es ilegal. De este modo, alimenta el “negocio” del arrebato y la violencia.

Los puntos calientes siguen siendo las estaciones de Liniers y Constitución, dos territorios difíciles, y deben sumarse la Plaza Miserere (Once) y la estación ferroviaria de Retiro.

Por MAXIMILIANO F. MONTENEGRO.-

Fuente: Diario Popular

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *