Denuncian por acoso sexual al interventor de OSDEPYM

José Alberto Bereciartúa también es el secretario general de CAME. Su ex asistente declaró haber sido hostigada durante cuatro años con acciones intimidatorias, humillantes y violentas.

Fue en 2011 cuando Andrea L. comenzó a trabajar en la Cámara Argentina de la Mediana Empresa. Pensando cada día en crecer profesionalmente, tres años después le comunicaron que iba a ejercer como secretaría de José Alberto Bereciartúa, secretario general de CAME y actualmente, interventor de OSDEPYM, la Obra Social Empresaria. Pero Andrea nunca imaginó que esta nueva oportunidad, que podía representar un gran salto a nivel laboral, terminaría en acciones intimidatorias, hostigaciones y humillaciones. Incluso, en la pérdida de un embarazo.

Todo este tormento inició a los cinco meses de ocupar su nuevo puesto de secretaria; se encontraba en su casa cuando sonó el teléfono por un asunto que, tranquilamente, podría tratarse de un asunto «laboral», pero que finalmente la desconcertó por completo. «Recibí un llamado de José Alberto con la propuesta de que fuera a su departamento a tomar unos vinos y conocernos más, a lo cual me negué, a lo que me contestó que me iba a arrepentir», comentó la denunciante.

Como cualquier otro día, Andrea se dirigió a CAME, pero un comunicado de Recursos Humanos la dejó sin palabras: «me informaron que ya no estaba más con José Alberto». Y añadió: «Estuve una semana sin puesto de trabajo y sin explicaciones. Pero luego ‘todo fue un error de comunicación’ y volví a trabajar con él».

Esto solo se trataría del principio de muchos otros acontecimientos que convirtieron en un padecimiento la rutina de ir a trabajar. «Nunca le di indicios o le coqueteé», consideró importante aclarar Andrea. «Luego seguimos trabajando pero me mandaba papelitos, me decía frases como ‘qué linda estás’, ‘qué lindo te queda eso’, o me llamaba a la oficina y me decía ‘te llamo tantas veces porque me gusta verte venir y cuando te vas’. Constantemente me decía esas cosas», recordó la víctima. 

Pero llegó el punto en que las palabras dejaron de ser sólo eso, y comenzaron a traducirse en actos. «Un día lo acompañé en un ascensor privado para llevar cosas hasta su auto. Yo tenía las dos manos ocupadas con bolsas, y me manoseó, me besó y me quedé helada. Jamás pensé que iba a hacer algo así», comentó Andrea. 

El calvario se prolongó de manera insoportable: «Llegó un momento en que no lo quería acompañar más, ponía excusas y mandaba a otra persona. Me decía que iba a quedar entre nosotros, que nadie se iba a enterar».

Su último día de labor llegó cuando menos lo pensaba. Andrea le informó a su acosador jefe que estaba embarazada, necesitaba días de reposo y estaba con pérdidas: «Cuando le conté que estaba embarazada, me dijo que ya no le servía más como secretaria y me sacó el puesto. La pasé muy mal, estaba de seis u ocho semanas y perdí el embarazo. Me afectó a tal punto que empecé con asistencia psicológica y luego psiquiátrica». 

«Simplemente soporté muchos años de hostigamiento y acoso. Sé de al menos un caso de una mujer a la que le pasó lo mismo y que le hizo una denuncia. Otras que siguen trabajando pero se callaron por miedo. No fue conmigo nada más. Hoy estoy hablando porque quiero que se haga justicia y que nadie pase por esto»,
finalizó Andrea.

La denuncia está radicada en el juzgado criminal y correccional Nº 3 del doctor Carlos Gorostiaga, investigación que lleva adelante el fiscal Patricio Lugones, titular de la fiscalía criminal y correccional 26 de la ciudad de Buenos Aires.

El magistrado entendió que en la denuncia hay razones y fundamentos de peso para otorgarle a la víctima el rol de querellante.

El abogado de Andrea, Andrés Rabinovich, explicó a este diario que«si bien la denuncia se hizo por coacción y acoso, pero entiendo que al haber un manoseo el delito pasa a abuso sexual. Se va a ampliar su testimonio y vamos a pedir el agravamiento del delito»

Juana Ferreyra, la actual secretaria del denunciado, dijo a Crónica que «el acusado no va a realizar declaraciones del tema». Mientras que Laura Garrafa, jefa de prensa de CAME, indicó que «en legales de CAME me aseguran que no llegó ninguna denuncia».

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