Daniel Arroyo: «Más que un partido político, el PRO es un grupo de intereses»

  Daniel Arroyo, del Frente Renovador, y recientemente publicó «Las cuatro Argentinas y la grieta social», donde da a conocer sus propuestas tras el objetivo de una «nación más integrada».

Daniel Arroyo, ex ministro de Desarrollo Social bonaerense, sostiene que no hay una sola sino cuatro diferentes Argentinas: la de los sectores en inocultable situación de pobreza estructural; la de los sectores más vulnerables; la de la clase media y finalmente la de las clases altas o más pudientes; a todo lo cual le suma una «grieta» social.

«Hay un conflicto fuerte y un riesgo: que las tres Argentinas de arriba vean que el problema es la de abajo. Y nada bueno pasaría», sostiene también en su último libro «Las cuatro Argentinas y la grieta social».

Al respecto fue entrevistado por la prensa.

¿Cómo se achica la grieta social?

Hay que hacer una gran revolución con el mundo del trabajo y el Estado tiene que definir con claridad cuidar determinados sectores, promover mercado interno, construcción, textil, comercio, metalmecánica. Y hacer una revolución educativa, con una escuela secundaria diferente: ir al sistema dual y que en los últimos dos años, los jóvenes puedan estar en la escuela y hacer pasantías. Con eso estaríamos achicando la grieta social, porque las personas verían que el esfuerzo y el trabajo les permiten mejorar, cosa que hoy, casi nadie ve; hay una forma de movilidad social ascendente alternativa, que es la venta de droga.

Fuiste candidato a vicegobernador de la Provincia. ¿Cómo ves la gestión de Vidal?

Creo que Vidal tomó una provincia quebrada, estoy absolutamente convencido, y que le pone una mirada social y una dedicación, un esfuerzo y un conocimiento de lo que pasa en la calle, que no tiene el gobierno nacional. En ese plano, la creo bienintencionada y bien dispuesta, y me parece que la mayoría de los bonaerenses también. Pero no ha habido grandes cambios. El tema salud está absolutamente colapsado. En seguridad no hubo cambios sustantivos, más allá de haber cortado parte de la cúpula del servicio penitenciario. En materia social dio mucha asistencia alimentaria -eso ayudó a evitar males mayores- pero la pobreza sigue aumentando. No hubo grandes cambios en la gestión, más allá de que tomó algo muy difícil de gobernar, y lo hace con una dedicación y honestidad muy respetable.

A nivel Nación, ¿se puede hablar de la «pesada herencia» o hay problemas de gestión?

El problema es de gestión del actual Gobierno. Lo de «pesada herencia» lo matizaría: los últimos cuatro años del kirchnerismo fueron muy malos en materia social y le dejó un lío bárbaro. Pero Alfonsín tuvo que construir una democracia; Menem tuvo la hiperinflación; De la Rúa, la convertibilidad y Duhalde, 57% de pobreza. Los últimos cuatro años del kirchnerismo fueron muy complicados, pero comparado con otros ciclos históricos, no es tan crítico. El Gobierno tiene que poner en marcha sus propias políticas. Tiene claro qué hacer con el mercado: quiere promover los sectores del siglo XXI, determinados servicios, vincularse y globalizarse. Pero no sabe qué hacer con el Estado: cómo construir un mercado interno, cómo armar la cadena de comercialización. Y en los próximos años, los niveles de pobreza no tendrán que ver con lo que haga el Ministerio de Desarrollo Social, sino el de Trabajo y la Secretaría de Comercio Interior; con cuánto se controle la cadena de comercialización, que es donde se distorsionan los precios. Ahí, las cosas no están funcionando bien.

¿Cómo la ves a Cristina Kirchner?

Me da la impresión de que exacerba la confrontación, que vive yendo para atrás y que tiene una mirada demasiado piadosa sobre su gestión. Que estábamos mejor hace un año, es evidente, pero no estábamos en Disneylandia, había problemas serios. No hizo una revisión crítica de lo que ha encarado, sino que lo defiende a ultranza. Le doy el gran mérito de haber tocado el corazón de mucha gente, que es de un valor incalculable, pero no está construyendo futuro, está contrastando lo que hace mal este gobierno con lo que había antes. No está pensando para adelante, sino para atrás, y la sociedad no quiere eso.

¿Qué opinión te merece la «sucesión de errores» del Gobierno?

Se equivoca siempre para el mismo lado. Que a alguien se le ocurra tocar el índice para actualizar jubilaciones, asignaciones familiares, AUH, sólo tiene una explicación: intentó ahorrar $ 3000 millones. Si el mismo gobierno se manda un tarifazo de 150% o el hijo le condona la deuda al padre, es todo en la misma dirección. La sucesión de errores tiene que ver con dos cosas: con la lógica de «tiramos esto y, si pasa, pasa; vemos hasta dónde llegamos». Y hay un problema en el sistema de toma de decisiones. Es imposible que haya siete ministros que interactúen en la economía. Eso puede tener lógica en un país estable, acá no.

¿Se puede comparar a Macri con De la Rúa, como hizo Massa en el audio que se conoció?

Creo que hay un punto de contacto, y es que es una bestialidad que alguien decida bajar las jubilaciones. Es imperdonable que el Gobierno haya hecho eso. Lo de De la Rúa es específicamente incomparable, porque las bajó un 13%, pero nadie debería tentarse con eso. Al Gobierno nunca le tuve fe en lo económico y social, siempre pensé que estaba mal encaminado, no perversamente. Pero le tenía fe en lo republicano. Pensé que iba a ser una derecha moderna, más republicana, pero con lo de las jubilaciones, lo del blanqueo a familiares, lo del Correo, con intentar poner dos miembros de la Corte, no ha tenido esa parte. Y ése era su legado, porque si la Argentina necesitaba algo, era un partido más republicano y, en eso, fue una decepción.

Macri, ¿gobierna para los ricos?

Macri está haciendo una transferencia de recursos de los que menos tienen a los que más tienen. La cuenta es fácil: el Estado sigue gastando lo mismo y hay más pobres, quiere decir que estás sacando de abajo y llevando para arriba. No diría que sólo gobierna para los ricos, porque hay distintas situaciones, pero es objetivo que está distribuyendo al revés.

A los miembros del PRO, ¿les cuesta salirse de su rol de empresarios?

Hay un tema fuerte de conflictos de intereses. No creo que les cueste ponerse en el rol de la función pública. Creo que, por un lado, subestimaron la función pública, y es bastante más complicada que el sector privado. Por otro lado, están cruzados por intereses: su vida posterior tiene que ver con lo privado. Entonces, mientras están en lo público, tratan de potenciar ese sector privado que hace a su continuidad. En algún sentido, el PRO, más que un partido político, es un grupo de intereses. Es un conjunto de gente que tiene determinados intereses, que buenamente va al Estado, pero que en realidad sigue teniendo la camiseta de esos intereses. Eso no debería suceder, porque el rol del Estado es ser regulador, no tener la camiseta de los dos lados del mostrador. El conflicto de intereses se da en muchísimas áreas.

 

Fuente: El Cronista

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