Barber Shop, el negocio seguro en plena crisis

Los Barber Shop, son la versión actualizada de las antiguas barberías, esas que por los años 90 fueron desapareciendo con la moda de que ahora los barberos y peluqueros se titulaban como «estilista» o «coiffeur», que traducido no es otra cosa que peluquero.

Con la aparición de nuevos estilos de música aggiornados a la época y producciones visuales, volvieron las barberías con sus antiguos sillones, ahora denominadas «Barber Shop».

La diferencia sustancial entre las peluquerías y las barberías es que las mismas son solo para hombres y que además de cortes de cabello y barba, han sido desde su creación un punto de encuentro masculino, para beber algo, charlar y pasar el tiempo, algo no habitual en la Argentina, salvo los clubes cerrados de caballeros de socios de clase alta.

Esta breve reseña, hace que la proliferación de barberías en Avellaneda y especialmente en barrios como Gerli, despierten curiosidad entre los vecinos, que por dar un ejemplo sobre la Av. Lacarra en un tramo de 7 cuadras existen actualmente barberías sin contar las que se ubican en calles aledañas.

A pesar de la crisis, es llamativo que estos locales cuenten con mobiliario que requiere una importante inversión económica, solo un buen sillón, supera los 100 mil pesos, otro de los puntos que llama la atención de los vecinos es la presencia de extraños de apariencia centro americana en las puertas de los locales, pero más curioso aún, que algunos pasan horas en las puertas de varios locales.

Entre los concurrentes de las barberías de Avellaneda, hay varios conocidos dealers de marihuana, cocaína y paco, incluso algunos aprovechando la falta de controles y habilitaciones abren sus negocios en locales sin condiciones para habilitar o directamente en el garage de alguna propiedad.

Así, en plena crisis económica, los Barber Shop, como en países latinos o los EEUU quedan vinculadas a las drogas y otros delitos, en algunos estados de los EEUU son controladas y monitoreadas por las autoridades sabiendo que son lugares habituales de pandillas y delincuentes. mientras en Avellaneda, el municipio no controla, la policía no investiga y la justicia mira para otro lado.

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