Avellaneda de cuna de la resistencia a corrupción rancia

Parece que mientras el Gobernador Axeil Kicillof, se queja de las medidas de CABA en cuanto a las aperturas comerciales y el ministro de salud provincial Daniel Gollán insiste con un colapso sanitario en pocos días, intendentes del mismo espacio político como lo es Jorge Ferraresi «juegan» su propio negocio.

Ya he criticado la falta de controles por parte del municipio que habilitó de forma tácita actividades que en teoría no debían atender a los vecinos, mucho menos sin protocolos aprobados, pero eso pasó, los comerciantes hicieron lo que quisieron, atendieron como les quedó cómodo y desde el municipio miraron para otro lado.

Ese doble discurso de pedir responsabilidad ciudadana, pero beneficiarse con quienes no cumplen con el Decreto presidencial y la Ley, es la mejor forma de atentar contra el cumplimiento de un aislamiento y de tener cuidados, si quien no lo hace ni siquiera es multado.

Y una vez más los responsables por función son, el intendente Jorge Ferraresi, la secretaría de seguridad a cargo de Mónica Ghirelli y la subsecretaría de seguridad ciudadana, cuya función específica es controlar los comercios, tanto que estén habilitados, como que cumplan con la habilitación que poseen, el responsable es Marcelo Rey.

Ineficiente para ocuparse de la seguridad ante los delitos, también lo es en cuanto a los controles de los comercios, ya mencioné a las barberías, peluquerías, talleres y otros comercios, pero lo que hoy motiva la nota supera todo lo imaginable y demuestra que estamos frente a una serie de hechos que solo se pueden definir como CORRUPCIÓN, cuya definición podría describirse así: Situación o circunstancia en que los funcionarios públicos u otras autoridades públicas están corrompidos.

Si hay una campaña en la que el Estado ha gastado millones de pesos es la de no conducir si bebiste, los «accidentes» relacionados al consumo de bebidas alcohólicas han dejado familias destruidas y varias ONG en el país reclamando endurecer penas y mejorar los controles para evitar que quien bebe conduzca, pero resulta que en Avellaneda, con total impunidad, se puede lucrar violando ordenanzas, invadiendo el espacio público y despachando bebidas alcohólicas a conductores, lo peor es que no se trata de algo oculto o clandestino, sino de promocionarlo en las redes sociales, entre los contactos del lugar en los que hay funcionarios y empleados municipales.

La cervecería denominada «Lajefa», ubicada en la Av. Mitre 2843, a metros de la estación de Sarandí, promociona su reapertura con la modalidad AUTO-BAR, el jueves 13 de agosto a partir de las 20:00 hs.

Uno comprende que quien invirtió en un negocio quiera sacarle rédito, a la fecha y antes de la Pandemia tuvieron muchos privilegios que el resto de los vecinos no tienen, como ser, que los autos estacionen en un lugar prohibido, que para tener más clientes usen la vereda para colocar mesas, algo ilegal, por tirar unas mantas a gente que también necesita los corrieron de forma violenta y con la policía, digo por eso de que no hay igualdad en un gobierno que se jacta de ser pro trabajador.

Está mal lo que ocurre en CABA, pero lo que pasa en Avellaneda además de estar igual de mal es de una hipocresía que da asco.

No existe justificativo alguno que avale esta promoción del día jueves, motivo por el cual el señor intendente Jorge Ferraresi, al igual que sus funcionarios no solo están jugando en contra de la salud del resto de los vecinos, sino incurriendo en delitos de acción pública.

Pero estimados vecinos, antes de putear a Ferraresi y sus funcionarios, sepan que la oposición, representada por Juntos por el Cambio, entre los que se encuentra el señor Luis Otero, de estas cosas no opinan, es decir, cuando deberían hacer política para cuidar a los vecinos, quedan callados, esto también es inseguridad, esto también es controlar los actos de gobierno.

Por Marcelo Ricardo Hawrylciw

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