¿A qué juegan La Alameda, Gustavo Vera y el Juez federal Ariel Lijo?

Vera,-Francisco-y-Lijo Hoy, una de las portadas de Infobae, traía una nota titulada El consejo del Papa para el juez del caso Ciccone: «Si la prudencia se convierte en inacción, es cobardía»  y me trabajo a la memoria las dudas que siempre tuvo Vera del Juez federal por su estrechos vínculos con los jefes de la Policía Federal Argentina, con quienes solía reunirse a cenar en un conocido restaurante a metros del Departamento Central de la Policía Federal.

Desde los primeros pasos que dio la ONG La Alameda, siempre mantuvieron distancia de las fuerzas de seguridad y de los funcionarios que estuvieran vinculados de una u otra forma con los que ellos consideraban parte necesaria de la corrupción, especialmente en los delitos de Trata de Personas, prostitución, narcotráfico, trabajo esclavo y espionaje.

Con el apoyo de los sectores más vulnerables de la sociedad, se hicieron un lugar donde los medios de prensa jugaron un rol muy importante, a fuerza de corte de calles, de protestas y de estrechar lazos con otras organizaciones, fueron teniendo un lugar, el espaldarazo se los dio la tragedia de Cromañón donde pudieron capitalizar lo mediático de la causa y mostrarse aún más.

A veces opositores del PRO otras cercanos, al igual que del kirchnerismo, supieron vincularse con los partidos pequeños y de izquierda para proponer una opción diferente, la cercanía de Bergoglio como Obispo hizo que la ONG tuviera un papel más activo y público, pero la llegada de Bergoglio al Vaticano, fue una inyección que llevó a la ONG y a Gustavo Vera hoy como legislador de la Ciudad a su punto más alto en cuanto a visibilidad.

Fue justamente que a medida que la ONG crecía, que comenzaron a relacionarse con líderes políticos y sindicales muy cuestionados, de esos que ellos mismos no dudaban en señalar como parte del problema, como los «protectores» de la corrupción en perjuicio de la sociedad, del Estado y de los ciudadanos, especialmente los de los sectores más vulnerables.

Así se relacionaron con Julio Piumato, un histórico de la CGT, con muchas «manchas» en el lomo y que ha manejado su gremio de una forma despótica e intervenido en la designación de controvertidos jueces cuando su relación con el gobierno oficial era saludable. Se acercaron a referentes del PRO a los que acusaban de no investigar, de proteger y hasta de formar parte de muchos de los delitos que denunciaban, se acercaron a defender como si no conocieran el pasado al ex fiscal José María Campagnoli, y en el colmo de lo que personalmente considero una vergüenza al Juez federal Ariel Lijo, a quien Vera llevó a una audiencia con el Papa Francisco, un acto que es netamente político, que no tiene nada de real, porque es justamente el Juez federal Lijo, un magistrado que dista mucho de ser alguien que demuestre interés en investigar los delitos donde se encuentran involucrados funcionarios o políticos, y digo esto con total conocimiento de causa, ya que su juzgado y él con su firma ha intentado sacarse de encima para no investigar, el expediente Nº 8667/2012 donde curiosamente no investiga a los políticos y punteros vinculados al kirchnerismo en una causa de Trata de Personas, digo si hoy tratan de proteger a un Juez que en varias causas ha demostrado no hacer bien su trabajo, bajo la excusa de ser un perseguido político, no se explica entonces qué pasa con esta causa, donde incluso la Cámara de Apelaciones ha ordenado profundice la investigación, donde el Juzgado del Dr. Lijo ha expuesto a la víctima en varias oportunidades al igual que a su abogada la Dra. Laura Selene Chaves Luna y los pocos testigos por falta de prevención, negligencia o corrupción, una pregunta que no podemos responder nosotros y será el juzgado con su trabajo el que despeje o no las dudas.

A la fecha, nadie desde La Alameda nos ha podido brindar una explicación coherente sobre estos puntos que remarcamos en la presente editorial, y es una lástima que esto sea así, porque personalmente apoyé y participe de muchas de las acciones de la ONG, y sinceramente me siento defraudado.

 

Por Marcelo Ricardo Hawrylciw

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